domingo, 15 de noviembre de 2015

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PERÚ: DEL CLOSET A LAS CALLES

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PERÚ: DEL CLOSET A LAS CALLES

Por: Hélard André Fuentes Pastor
Versión publicada en Semanario Énfasis. Arequipa, 30 de agosto de 2015.

La historia de la homosexualidad en los países latinoamericanos es errante, se trata de un tema de estudio ajeno a la comunidad intelectual de gran parte del siglo XX y que recién en las últimas décadas de dicha centuria ha enriquecido su historiografía con la publicación de algunas meditaciones críticas abriendo un permanente debate en torno a los aspectos psicológicos, biológicos, socioculturales, e incluso, constitucionales, en el país. Pese a conocer universalmente la palabra “homosexualidad” desde 1869 (usado por primera vez por la psiquiatra Húngara Károli Mária Kertbeny como el deseo erótico por personas del mismo sexo), recién a mediados del XX cobró importancia en países como Alemania, donde se originaron tendencias de eugenesia en la signada época nazi, cuando la homosexualidad se consideraba como una patología.
El hecho de estar ausente en el conocimiento del pasado histórico de la humanidad, no obstante a sus referencias en la antigua Grecia, Roma y la Edad Media, y ser considerada a partir del siglo XIX y gran parte del XX como una enfermedad, ocasionó severas prácticas discriminativas que se proyectaron hasta la actualidad con la llamada “cultura homofóbica” (Jorge Mercado Mondragón) advirtiendo violencia, crímenes por odio, abandono y un discurso excluyente.
Hay escasas referencias documentales que puedan otorgarnos una visión de la homosexualidad en la época colonial y en la vida republicana, salvo por algunas elucubraciones donde se concibe que siendo el Perú un país de tradición católica determinaba una visión negativa frente toda “práctica sexual dudosa”. Recién en 1900 encontramos algunos documentos en causas criminales de la localidad arequipeña que podría acercarnos a una construcción social. Se trata del empleo del vocablo “maricón” que según el DRAE se trata de un vulgarismo utilizado para calificar al hombre afeminado, empero no siempre fue así, manejaba otro simbolismo manteniendo en todos los tiempos el contenido ofensivo.
En la acusación civil y criminal de Lino Delgado contra Faustino Allier frente a un problema producido en 1901, una testigo declaró lo siguiente: “un día… a la diez de la mañana, bajaba la declarante con la esposa de D. Faustino Allier, y en estas circunstancias, salió D. Lino Delgado á la puerta de su casa, y viéndola á la Allier, dijo que hablase ahora que como le había quitado la vereda á su hija esta vieja; y la Allier le contestó que era un viejo maricón, chichero: que no ha visto más” (ARA. Causas Criminales. Leg. No. 012-1903). Puede que este término esté relacionado a la falta de hombría al momento de asumir responsabilidades o a la cobardía masculina. Lo cierto es que se trata de un vocablo referido al varón pero de modo injuriante o agraviante, como fue la expresión “calenturosa” para la mujer, y, por consiguiente, el destino de “marión” estaba encaminado a la orientación sexual insidiosa en las futuras sociedades.
Lógicamente, las poblaciones de inicios de siglo tenían una definición sólida de su catolicismo, y todo término que estaba fuera de su resplandor resultaba ser el peor agraviante, así los dolorosos insultos fueron: puta (prostitución), bicicleta (adulterio), bruja (herejía) y maricón (falta de hombría). Este pensamiento se  transmitió a las siguientes generaciones, estereotipándose muchas ideas que marcharon en un contexto mundial bélico, donde la homosexualidad también era penada, basta observar el Código Penal nazi de 1935 en que la sola denuncia como homosexual generaba juicios, arresto y tortura–. Por ello, no se puede concebir una pública y masiva difusión de apuntes periodísticos referidos a dicho particular en el Perú.
Recién a mediados del siglo XX, cuando el sensacionalismo tomó fuerza en la prensa escrita, se notició respecto a unos escándalos que se habían producido en la capital como es el recordado “Baile de Pervertidos de febrero de 1959”. En aquella oportunidad, se organizó una fiesta en los salones del Restaurant “La Laguna” de Barranco, donde concurrieron más de un centenar de varones con ademanes, comportamiento afeminado y vistiendo trajes femeninos.
La noticia de fines de la década del ’50 suscitó angustia en toda la nación, más aún cuando se descubrió que un comisario estaba enterado de la organización de dicho festejo y no impidió su realización. Los llamados “chicos del grupo contrario” o “desviados sexuales” fueron censurados y prisioneros junto al Capitán Carlos Padilla (cuñado del organizador del baile Hernando Galindo Rojas “La Nena”) y el dueño del local Augusto Postigo Palacios; los primeros son acusados de atentar contra la moral pública, y el segundo, por negligencia y lenidad. Esto sugiere la percepción negativa de la ciudadanía frente al travestismo y homosexualidad, cuyas locuciones no se emplean en el apunte periodístico.
La detención de los implicados en esta fiesta, la posición de varias instituciones civiles y sociales como la Asociación Peruana de Higiene Social, la mirada negativa de la prensa escrita, no solo manifiestan censura, sino prohibición, repulsión y punición. En tal sentido, la Prefectura de Lima ordenó la clausura del local, la disposición del “Club de los Pervertidos” a las autoridades competentes para su sanción y, la Jefatura de la Novena Región de Policía, precisó que el efectivo sería depositado con rigor en el Cuartel “Gutiérrez Andía”. En una sociedad machista y patriarcal, ser homosexual significaba inmoralidad, ir contra las buenas costumbres, ganarse el repudio general y sufrir castigos, restringiendo inmediatamente la libertad sexual de muchos ciudadanos, además de mantenerlos en la clandestinidad. Es posible que el tiempo de carnaval con sus excesos haya permitido aflorar muchos espíritus reprimidos.
Con el surgimiento del rock en Norteamérica durante la década del ’60 –cuyo modelo comenzó a influir en la juventud y en los comportamientos sociales– se exteriorizó la sexualidad de los individuos que hasta entonces evitaban exponer su intimidad por considerarla un tabú. Inmediatamente se canalizaron las inquietudes de una generación y los ritmos musicales fueron un poderoso comunicador de ideas y percepciones de la realidad, los temas afines eran la rebeldía y la sexualidad, lo que nos lleva a considerar a este estilo musical como otro elemento que permitió emerger la homosexualidad.
El panorama para esta comunidad fue mejorando, en 1973 la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos eliminó a la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas otorgando mayores posibilidades de asentimiento social. Empero, los gobiernos presidenciales del Perú en aquel periodo (Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez) con su carácter militar, frenaron la libre expresión homosexual postergando su pública manifestación, a pesar de la situación que se vivía en el extranjero después de la muerte de Harvey Bernard Milk, el primer político homosexual en llegar a ocupar un cargo público en Estados Unidos que fue asesinado el 27 de noviembre de 1978, y cuyo hecho acrecentó las marchas homosexuales en USA reclamando justicia para la víctima, derechos e igualdad.
Este vaivén de posibilidades se prolongó tanto como las dificultades. En los años ’80 se produjeron dos grandes escenarios en el mundo: por una parte, se retiró a la homosexualidad del Manual de Clasificación de Enfermedades Mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por otra, se da a conocer oficialmente el SIDA como una enfermedad altamente contagiosa y relacionada a los homosexuales, bautizada por la prensa americana como la “Peste Gay”, provocó una tremenda homofobia y, a su vez, aplacó en cierta medida las marchas que pretendían legitimar dicha orientación sexual a través del acceso a cargos públicos de personas con tal inclinación.
Así, la homofobia es parte del proceso histórico de la homosexualidad, por lo que siendo herederos de una mentalidad donde existen marcadas diferencias entre el varón y la mujer en cuanto a sus roles sexuales, era lógico rechazar y generar hostilidad a lo que en una misma condición orgánica (masculino o femenino) resulta opuesto psicológicamente y –con el discurso del miedo a través VIH– altamente peligroso. En el Perú, el primer caso de SIDA fue diagnosticado en 1983 por Raúl Petroco, y los médicos concluyeron que esta enfermedad se produjo en el país debido a varones homosexuales que vivían en el extranjero. Otros casos nativos se registraron posteriormente en gays que residían en la ciudad de Lima. Lo que restaba aprobación frente a dicha comunidad que ya desde 1978 se identificaba con la bandera del arcoíris que inspiró los festivales y marchas del orgullo en todo el mundo.
Pocos años después, la Carta Pastoral de 1986 aprobada por el papa Juan Pablo II en Roma, donde se cuestiona la actividad homosexual independientemente de las acciones generosas de sus protagonistas, terminó por reducir las intenciones de un movimiento homosexual en el país pese al gobierno democrático de Fernando Belaúnde Terry. A esto se apilaron los homicidios perpetrados por Sendero Luminoso desde 1986 y la política del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que afecto a los homosexuales. Hay quienes manifiestan que el 6 de agosto de 1986 asesinaron a diez homosexuales en Aucayacu y el 12 de septiembre de 1988 ametrallaron a ocho en Pucallpa, otras víctimas fueron prostitutas y drogadictos.
Las torturas de los terroristas a mujeres y homosexuales se puede referenciar con el testimonio No. 456739 de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, donde una declarante –secuestrada por PCP-SL– en 1991 narró lo siguiente: “Ahí veía cómo los senderistas les cortaban los senos y les metían cuchillo por la vagina a las mujeres que supuestamente habían sido infieles a sus maridos. A los homosexuales les cortaban el pene en pedazos antes de matarlos. Ahí me pidieron que acuchille a dos chicas y a un señor, yo no pude hacerlo porque me desmayaba”. Naturalmente, un dietario de odio, persecución, humillación, violación de derechos y aversión contra los homosexuales en diferentes frentes, originó conmoción en aquellos sectores impulsando la voz de protesta que hoy escuchamos en las plazas a nivel nacional, dirigiendo en las últimas décadas aquel forzado silencio al clamor en las calles. 
La población en general se encontraba sujeta a estas visiones compartidas en el mundo, por lo tanto, la homosexualidad no solo producía indignación también era denigrada. La indignación la podemos observar a partir de las reflexiones del historiador Pablo Macera cuando afirma que “los peruanos hemos aprendido a reemplazar la indignación por la risa”, y entre los temas que codificamos escarnecedoramente destacan “los cholos, la homosexualidad y, fuente inagotables del humor peruano de los últimos años: la política o, para ser más precisos, los políticos” (Vargas, 2001); y, la denigración, a través del famoso “Plan Verde” de 1993 que marcó la dictadura de Alberto Fujimori.
Precisamente, aquel documento –estudiado por el periodista Carlos Gamero Esparza– pretendía una política de exterminio, no en vano se produjeron las esterilizaciones forzadas; como Gamero indica en su artículo: “Por allí se decía que el mandatario de turno pretendía acabar con las razas autóctonas… no faltaban, por cierto, otras modalidades de exterminio (de gente indeseable) donde las víctimas eran también consideradas como excedentes poblacionales nocivos (prostitutas, enfermos de SIDA, enfermos mentales, homosexuales, drogadictos, delincuentes comunes, narcotraficantes, indigentes, terroristas, gente presa por diversos motivos, ancianos de asilos, etc.)” (2008: 9). Aproximándonos a un entorno de miedo, odio y remordimiento.
A pesar de que en 1982, el político y economista peruano Oscar Ugarteche fundó el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL), la primera marcha masiva del Orgullo LGTB (Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual) se realizó en el año 2002 demandando la legalización de la igual de los derechos en amplio sentido. Ciertamente, hubo otras manifestaciones pequeñas a mediados de la década del ’90, sin embargo se caracterizaban por el temor y la timidez. No obstante, aquellos plantones realizados en la Plaza Francia y el Parque Kenedy de Miraflores en Lima, pronto se volvieron en movimientos periódicos a nivel nacional.
Iniciando el nuevo siglo, surgieron varias organizaciones como el Frente por el Derecho de ser Diferente (FREDIF) o la Red Peruana LGTB, que se sumaron a la lucha bajo el lema orientador de la primera marcha “Por una Constitución que nos incluya”. Evidentemente, estas manifestaciones han evolucionado al igual que su impacto, pero los objetivos parecen estar dispersos, la lucha de algunos es por su desenvolvimiento sin discriminación, mientras la discusión actual se centra en la “Unión Civil”, es decir el matrimonio homosexual.
Estas aproximaciones que se circunscriben en el marco teórico de la diversidad sexual, nos han permitido identificar los siguientes momentos históricos en la lucha de los homosexuales: primero, visibilizar su opción sexual, luego, lograr la tolerancia en la sociedad a fin de buscar la igualdad de oportunidades y, por último, el enlace matrimonial y la adopción de hijos. En conclusión, la lucha radica en establecer derechos a un sector que se siente agredido, vilipendiado, quebrado en el ejercicio de su ciudadanía, es decir, sienten que se les niega sus derechos civiles como personas.

BIBLIOGRAFÍA
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ARCHIVO REGIONAL DE AREQUIPA (ARA). Causas Criminales. Leg. No. 012-1903.
DE VALENCIA DUQUE, Catalina. ¿Tiene la homosexualidad un origen genético?. S. e. S. l. S. f.
DIARIO NOTICIAS. Escandaloso baile de pervertidos: Lima. Arequipa, 3 de febrero de 1959.
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MERCADO MONDRAGÓN, Jorge. Intolerancia a la diversidad sexual y crímenes por homofobia. Un análisis sociológico. En: Revista Sociológica, Año 24, Número 69, enero-abril de 2009. Universidad Autónoma Metropolitana. México.
PÉREZ, David. La homosexualidad en la canción española. En: Ogigia. Revista electrónica de estudios hispánicos, Número 6. España, 2009.
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TURPO CCACCASACA, Miguel Ángel. Influencia de la música metal en el comportamiento juvenil arequipeño 1990-2000. En: Benavente, César (Editor). El nuevo rostro de Arequipa. Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Facultad de Ciencias Histórico Sociales. Arequipa, 2006.
VARGAS GUTIÉRREZ, José Luis. Los cómicos ambulantes en el Perú. Conferencia pronunciada el 21 se septiembre de 2001 en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Arequipa.

LAS ACEQUIAS EN AREQUIPA Y EL OFICIO DE ALMOTACÉN

LAS ACEQUIAS EN AREQUIPA Y EL OFICIO DE ALMOTACÉN

Por: Hélard André Fuentes Pastor
En: Diario “El Pueblo”. Arequipa, 03 de octubre de 2014.

Las comunidades prehispánicas en Arequipa fueron legítimas poseedoras de las chacras y tierras de cultivo, que para su producción requirieron de una fuente natural de vida: el agua, la cual fue conducida a las tierras mediante los acueductos y/o acequias. Después que los españoles se asentaron en este valle, utilizaron los canales encontrados y construyeron otros.
Si bien las acequias constituyeron un significativo avance en las culturas precolombinas –basta recordar la construcción de enormes canales de irrigación en Mochica– su mejoramiento y habilitación, formó parte de los  grandes afanes de orden hispano, como también lo fueron: las calles, plazas, edificios, bocatomas, huertas, etc. Las acequias entonces, son obras de inspiración nativa pero de perfeccionamiento colonial, y fueron importantes porque conducían las aguas procedentes del río Chili a los solares y huertas de la ciudad.
Ya desde 1540, se da a conocer documentalmente la existencia de acequias en el valle de Arequipa; también se tiene referencia de dos tomas importantes para las antiguas etnias de la zona que, posteriormente, fueron denominadas: “Antiquilla” y “Acequia Alta”. No obstante, recién el poblador occidental, tendrá conciencia de su regulación y mantenimiento. Es así que en una reunión de cabildo ordinario de 1546, se prohíbe que el ganado ovejuno duerma en la ciudad “por cavsa [causa] del mucho polvo que levanta al tienpo que entra e porque comen e roen los árboles e destruyen los caminos e acequias”.
Siendo conscientes de la sanidad, los canales requerían de limpieza constante, a este trabajo se conocía como “aderezar la acequia”, y su importancia era tal, que el cabildo ordenaba su saneamiento bajo pena de multa. Para 1550, el ayuntamiento toma la decisión de nombrar a un almotacén, que era la persona encargada los canales y de dar aviso si alguien los derribaba, también verificaba que los pobladores no echen basura ni inmundicias en las calles. Uno de los primeros que ejerció este oficio –según nombramiento del 1 de agosto de 1550– fue Diego de Padilla.
Este oficio era desempeñado por personas de baja condición social, normalmente se trataba de personas pobres y mulatos, por ejemplo, para fines del año de 1550 se nombra al mulato Cristóbal de Cárdenas; de igual manera, en 1552, a Juan Cobo, para que se ocupe de las acequias de la ciudad y del aseso de puentes, calles, además debía tener cuidado que los caminos reales tuvieran un ancho de cinquenta pies, “conforme a la hordenanca [ordenanza] y las personas que se ovieren metido con sus chacarras en los caminos, derribe las paredes, e que los caminos bayan de la anchura y que las personas que ovieren [hubieren] ocupado los exidos [ejidos] e rondas de esta cibdad con edeficio [edificio] o chacarra o semillas lo arranque e quite, so pena de perdimiento del salario que le fuere señalado”; y en 1555 a Andrés de Robles, quien además de cumplir la tarea de mantener las acequias aderezadas, se debía preocupar que cada acueducto mantenga la profundidad del caso para evitar el desborde del agua. Asimismo, fueron los repartidores de líquido vivificante, y, medidores de chacras y solares.
Hasta 1550, muchas de las acequias estaban hechas de tierra y piedra, por lo que sufrían graves daños ocasionando la disminución de la cantidad de agua que circulaba por ellas; el oficio de almotacén, ante esta problemática, era imprescindible. Por otra parte, cuando se conmemoraba alguna fecha especial para la iglesia como el Corpus Cristi, se proveía su aseo mediante una ordenanza de cabildo bajo pena de diez pesos por su incumpliendo.
Los pobladores, estaban obligados a realizar la limpieza respectiva de sus canales y de no cumplir con esta ordenanza, eran sancionados con el pago de una multa. Por citar un caso, en la reunión de cabildo del 24 de octubre de 1550, se indicó que: “Asymismo, sus mercedes mandaron que los señores de molinos los aderecen para que puedan moler bien e linpien las pertenencias de sus acequias [entre renglones: e tengas pesos], so pena de cinquenta pesos de oro al que lo contrario hiziere, para la Cámara e obras de Cabildo, dentro de seys días e que a su costa se aderecarán [aderezarán]”.
Cinco años después, el Licenciado Pedro de la Gasca, mediante una ordenanza, señaló: “Sobre que las acequias estén bien limpias y bien acondicionadas.- Que los que tienen chacras, en las sangraderas, por donde reciben el agua, tengan un marco de piedra, con un agujero, por donde entre el agua para el riego de su heredad.- obre que tengan limpia la acequia en su pertenencia.- Que en la ciudad para sus casas y riego de huertas tengan los mismos marcos que quedan dichos.- Que en las casas por donde pasan las acequias no echen inmundicias en ellas.- Que todos los dueños de heredades que se aprovechan del agua, estén obligados a reparar y limpiar las acequias.- Que por el Cabildo Justicia y Regimiento se nombre una persona práctica de ciencia y conciencia, para que informado de todo haga la repartición del agua”.
Aquí no solo podemos estimar la valoración que tiene el líquido recurso para los citadinos, sino, la importancia de regular y/o racionalizar la cantidad de agua que recibe cada vecino de la ciudad mediante un marco de piedra con agujero. En la tecnología de la época, estos marcos eran los medidores, y hubo una persona encargada de dicha repartición. Respecto al acondicionamiento, se referían al empedrado de las acequias y su recubrimiento con gruesas maderas.
También hay referencia sobre los desagües, por ejemplo, en setiembre de 1555 se ordena que Francisco Madueño construya dentro de un mes, el desagüe de la acequia de su molino, bajo pena de cien pesos. A propósito de este personaje, en mayo de 1560, es nombrado como Alguacil Mayor, teniendo como una de sus funciones, verificar que se coloquen los marcos en las acequias. La pena por retirar este implemento era de cincuenta pesos de plata, igual cantidad que se asignaba como salario a las personas que cuidaban estos canales. Durante los primeros meses de 1599 –respecto a esta ingeniería– encontramos otras ordenanzas de mayor proyección, se acordó el ensanchamiento de las acequias de Santa Marta y San Francisco.
Puede ponderarse la importancia histórica de estos canales con sólo recordar que la “Pontezuela” (esquina formada por el ángulo Este de la Plaza de Armas y la intersección de las calles de los Mercaderes y San Francisco), debe su nombre a un puentecillo que se construyó para cruzar por ese punto la acequia troncal denominada de “San Juan de Dios”, que regaba las huertas de los solares y las tierras de La Palma, Añaypata, etc. Según el historiador Helard Fuentes Rueda, este lugar no siempre tuvo dicha denominación, también se conocía como la “Alcantarilla”, que significa dique, acueducto o facto; esta sería la primera obra de canalización de la acequia en base al sillar para evitar los desbordes y aniegos que causaba el agua, durante la crecida y entrada del río. Finalmente, a la obra de canalización de la acequia se le denomina alcantarillado, y era fundamental para los nuevos citadinos mantener las condiciones de calidad en ellas, por lo que cumplió un rol fundamental el almotacén.

FUENTE PRIMARIA:
Archivo Municipal de Arequipa (Libro de Actas de Cabildo).DIARIO EL PUEBLO

LA MÚSICA CRIOLLA Y EL “FANTASMA” DEL HALLOWEEN

LA MÚSICA CRIOLLA Y EL “FANTASMA” DEL HALLOWEEN

Por: Hélard André Fuentes Pastor
En: Semanario Énfasis. Arequipa, noviembre de 2015.

Cuando era pequeño y no comprendía los comportamientos festivos de las tradiciones ni las interrelaciones que se generaban en torno a ello, era partícipe de una tradición universal que dieron en llamar “Halloween” y la cual, aparentemente, superponía su simbología sobre una celebración nacional que revaloraba un género musical y cuya voz se encumbra con las interpretaciones de Eva Ayllón.
Hace aproximadamente setenta años, el presidente Manuel Prado Ugarteche mediante una resolución suprema estableció que cada 31 de octubre se celebre el “Día de la canción criolla”. El promotor de esta iniciativa, José Manuel Carrera del Corral, quien presidía el Centro Musical “Carlos A. Saco”, pretendía homenajear a los compositores de la música popular, lo que devino con los años y la presencia de una tradición universal como es el Halloween, en una lucha por lograr notabilidad y precio.
Por el contrario, nosotros consideramos que el quiebre de esta tradición peruana no se debe únicamente a un cruce de fechas, sino a la falta de actualización en el repertorio musical, a los limitados recursos festivos, a la escasa promoción cultural en nuestro país y el ostentar una celebración propiamente limeña o de folklore capitalino como algo nacional cuando precisamente en las diferentes regiones del país tenemos otros géneros que llevan a reflexionar sobre un conflicto: ¿Y en éste 31, dónde están los valses loretanos, los temas huancavelicanos, los ritmos puneños, la música arequipeña, las melodías cuzqueñas, etcétera?
Celebrar el “Día de la música peruana” vendría a ser el evento reivindicativo del siglo XXI, donde reconozcamos nuestra diversidad cultural y otorguemos la posibilidad de alimentar esta tradición, logrando dinamismo, movimiento y continuidad, aspectos que requiere una tradición. Lamentablemente, aquella sectorización donde solo se toca el cajón y se canta la música criolla, vuelve al festejo en algo plano.
Tanto José Manuel Carrera y Manuel Prado dirigieron su mirada a Lima y proyectaron la actividad en todo el país. Por ello, el 31 de octubre de 1944, se izaron las banderas del Perú en los diferentes centros musicales capitalinos, se organizaron romerías en el Cementerio General para recordar a los precursores de dicho género musical y la población acudió a la plaza para ser testigo de un acontecimiento musical de gran euforia. Las ideas se reprodujeron rápidamente y, como se trata de lo nuestro, alcanzó a los colegios a nivel nacional, festejando con imitaciones, bailes, cantos o tocando sus instrumentos musicales.
Quizá, de modo inocente, el nombre de una tradición que pudo tener mayor arribo en las regiones y comenzó a establecerse en la mentalidad de los peruanos, terminó disgregando los géneros musicales, cosa que puede constituirse como su mayor riesgo (en la medida que no admite mayores comportamientos festivos) y como su mayor logro (nacionalizó un género musical en todo el país).
El “Halloween”, de expresión inglesa y que conduce a la “víspera de todos los santos”, fue una cuestión agregada. La universalidad le otorgó fuerza a esta tradición, además de sus raíces milenarias que nos llevan a los celtas en la festividad Samhain o a los romanos, generando un proceso y, en el transcurrir el tiempo, cambios y permanencias en el festejo que llegó a América en el siglo XVIII con los irlandeses. En los próximos dos siglos, éstas ideas irradian por todo el continente y confluyen con las creencias autóctonas y las de herencia colonial.
La tradición se enriquece por ejemplo: con la narración de historias misteriosas (en nuestro país es posible por el misticismo que envolvía a los pueblos prehispánicos y cuyas historias atesoramos en los cuentos del ande); con la elaboración de trajes (cuyo contenido artístico nos remite a la celebración de carnaval donde se organizaban concursos de disfraces); con los bailes tradicionales, los juegos o el “dulce o truco” y las calabazas en el recorrido por las calles. Resulta impresionante como varias aristas se encuentran en un mismo punto, consiguiendo que Halloween sea una fiesta con aura propia.
En Perú existen numerosas costumbres y tradiciones de raíz europea que en su momento fueron muy cuestionadas, fundamentalmente, el carnaval. Bajo éste enfoque no tendríamos por qué vilipendiar, apocar, acusar de alienada a una tradición que tiene arraigo en América Latina y que, independientemente del marketing exagerado y la comercialización desenfrenada propias de cualquier celebración, proyecta un perfil particular, y es que en ningún otro lugar del mundo, alguien saldría disfrazado de Avencia Meza o de “Zambo” Cavero.
Otro aspecto importante para comprender las manifestaciones de ambas celebraciones es lo generacional. Naturalmente, Halloween es una fecha de celebración infantil y juvenil que implica un recorrido y, el Día de la música criolla, festejado principalmente por algunos jóvenes y adultos, tiende a ser más estático, sugiere un escenario, bien puede ser una plaza, un parque, un local o, incluso, íntimo y familiar como resulta el hogar.



martes, 10 de noviembre de 2015

INDIO: UN ORIGEN QUE POCOS ACEPTAN

INDIO: UN ORIGEN QUE POCOS ACEPTAN
Lic. Hélard André Fuentes Pastor
Diario El Pueblo. Arequipa, 30 de mayo de 2015. P. 10.
Debemos reconocer nuestra pluralidad sin olvidar que somos un país andino.
En la historia peruana existen palabras y expresiones que encierran connotaciones racistas, peyorativas y bélicas, esto sucede con el término: “Indio”, el cual guarda profundo sentido histórico, pero a su vez, resulta ser portador de ideologías y prejuicios xenófobos que inconscientemente coexisten en el pensamiento colectivo.
A lo largo del siglo XX, ante las expresiones discriminativas (que tienen base en la teoría de la pureza), surgieron respuestas que buscaban amortiguar aquella situación, por ejemplo: “quien no tiene de inga, tiene de mandinga” o “en el Perú todos somos mestizos”, lo último –según afirma la investigadora Ariana Arista Zerga– “como un discurso hegemónico para sustentar nuestra herencia ancestral y colonial”. Sin embargo, no hubo preocupación por redefinir el significado del vocablo “indio” como constructor de nuestra identidad, más bien, buscamos reemplazarlo.
Ciertamente, ante el desenvolvimiento de las grandes urbes, metrópolis o ciudades, encontramos que es más llevadero reconocernos como “mestizos” que ser, sentirnos y considerarnos “indígenas” o “indios”, pues ambos términos (sobre todo el segundo) son observados peyorativamente; por un lado, porque nos remite al grupo explotado y maltratado, y en la actualidad, al sector olvidado. Aquel vínculo negativo se debe fundamentalmente al enfoque desde el cual los investigadores interpretaron dicha locución determinando serias analogías entre lo “indio” y lo “bruto”, “salvaje”, “haragán”, “sucio”, “ignorante” y “escoria”, sin atender a otras perspectivas que valoren al “indio” en torno a la identidad peruana.
Una prueba incuestionable de aquella fijación negativa respecto al término resulta ser el “Día del Campesino”. ¿Cómo así? Un 24 de junio de 1930 –cuando era Presidente de la República el señor Augusto B. Leguía– se estableció dicha fecha como el “Día del Indio”. Años después, en 1969, durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, al promulgarse la Ley de la Reforma Agraria, con buena voluntad, se procedió a cambiar la denominación de “indio” por “campesino”, ya que el primero era despectivo, y se reconoció el quechua como idioma oficial. Evidentemente, este afán de reivindicación étnica, terminaba por debilitar la revaloración de lo “indígena” e “indio” al reconocer la estigmatización negativa por sobre lo auténtico y categóricamente positivo; sino observemos como la palabra “campesino” se aproxima a lo considerado “mestizo”, “un término medio entre el indio explotado en el trabajo de la tierra, y el indio que ha pasado a ser dueño de su propia tierra, pero que, al convertirse en su propio amo, ya no es un indio, sino un campesino” (según las afirmaciones de Arista Zerga).
Algunas meditaciones también nos llevan a afirmar que el problema radica en la ausencia de movimientos de reivindicación étnica, más aún, de una “élite indígena”; no falta quienes sostienen que la presión ejercida por el mestizaje nos aleja de nuestra verdadera condición andina, por lo tanto, indígena; o que en el discurso clasista de la izquierda peruana surgen enormes brechas que en vez de unificarnos consiguen distanciarnos irremediablemente. En la dimensión globalizada en que vivimos, ésta problemática nos conduce a un solo destino: “la ‘desetnización’ como estrategia de ascenso social” (Anahí Durand); y es que nos preocupa toda adjetivación que nos haga sentir excluidos, y en el Perú, la atención se concentra en el tema étnico-racial. En consecuencia, es válido revisar una vez más la construcción histórica del término “indio” desde otra visión.
Las consecuencias del error geográfico de Cristóbal Colón en su travesía de descubrimiento en 1492, condujo a la equívoca denominación de “indio”. El territorio americano fue conocido por los españoles y europeos como las “Indias” por sobre otra terminología, quizá se debe a que después de su primer viaje, Colón comunicó al colaborador de los Reyes Católicos, Luis de Santángel, que había llegado a las Indias y esta noticia se difundió inmediatamente en toda España y Europa. La proyección del recordado navegante de origen genovés, era llegar a las costas de Asia; sin embargo, los cálculos y tratados geográficos, terminaron por facilitar inesperadamente su llegada a un nuevo continente. Pese a que los sucesivos viajes demostraban que no se trataba del continente asiático, Colón se mantuvo férreo en considerar que había llegado a las Indias; y la mentalidad europea también conservó esta locución.
A inicios del siglo XVI, el navegante italiano Américo Vespucio exploró el territorio descubierto por Colón y afirmó que se trataba de un “Nuevo Mundo”. No obstante a la rápida divulgación de ésta noción y a la publicación del cosmógrafo Martin Waldseemüller (Cosmographiae introductio, 1507) donde se nombraba al nuevo continente como “América”; en los imaginarios colectivos se arraigó la idea de “Las Indias” y los pobladores “indios”. Así, el término “América” se utilizó de forma limitada durante el siglo XVI, por ello es que en los documentos nacionales y locales de época colonial, encontramos la expresión “yndio” sin ánimo peyorativo, simplemente, acorde al gentilicio que supone “las Yndias”, no en vano hubo un Consejo de Indias o se refiere a una Casa de Contratación de las Indias.
Hasta el siglo XVII, los cronistas españoles emplearon el término “indio” para referirse a los pobladores nativos del Perú pese a que cobraba cierta habitualidad la palabra “América”. También es posible que a mediados de dicha centuria, comenzara a utilizarse conscientemente el vocablo “indio” para excluir a fin de mantener la condición subordinada y oprimida de aquella población, situación que toma fuerza en el siglo XVIII, pues recordemos que en éste período surgieron de modo contundente las rebeliones indígenas contra la corona española.
Lamentablemente, la construcción del conocimiento del siglo XIX y XX, se encargó de encontrar y destacar las anexiones poco valorativas del término (quizá por aquel pesimismo intelectual del que da cuenta la historiadora Cecilia Méndez), provocando un profundo rechazo social en la naciente sociedad republicana y consecuentemente un auto-rechazo en el poblador de raíces indígenas que se recrea hasta la actualidad. En tal sentido, “inca” e “indio” resultan ser un solo cuerpo y espíritu que determina lo “andino” por ser histórica y geográficamente correcto, y se denomina como “campesino” para volverse aceptable en ésta sociedad fuertemente discriminativa.
Creemos que el ser indio debe significar únicamente ser natural de las Indias Occidentales de América, sin humillaciones ni desprecio alguno. Tenemos que reconstruir el sentido de la palabra “indio” sin tener que buscar otras voces o locuciones huidizas. El ser indio, no es reminiscencia histórica de humillación, por el contrario, debe visualizar al hombre inteligente, capaz, veraz, virtuoso y resuelto del Antiguo Perú. Alejemos las taras asignadas injustamente a nuestra población que han definido como sinónimo de indio: lo salvaje, abyecto, mentiroso, borracho y ladrón.
Somos peruanos, indios en la mentalidad colectiva, y admitiendo la confluencia entre lo indígena y europeo, sostenemos una identidad nacional indomestiza, que a más de buscar homogeneidad entre ambas expresiones y sus componentes; los reconozca teniendo como tutelar lo indígena y andino, porque hay una historia que lo sustenta y una geografía que lo demuestra.

Publicado con el título: “Indio: un origen que pocos aceptan”. En: Diario “El Pueblo”. Arequipa, 30 de mayo de 2015. P. 10.

lunes, 9 de noviembre de 2015

GABY ARCE MUÑOZ: SEMBRANDO EN LOS NIÑOS LA SEMILLA DE LA PALABRA

GABY ARCE MUÑOZ: SEMBRANDO EN LOS NIÑOS LA SEMILLA DE LA PALABRA

POR: HÉLARD ANDRÉ FUENTES PASTOR

Uno de los ejes temáticos escasamente analizados en el proceso literario de la localidad, es la poesía y narrativa infantil, que se encuentra encarnada en la prosa de escritores independientes como Miguel Ángel Delgado Luján o en los versos de Carlos Maldonado Ramírez y Carmela Núñez Ureta. Precisamente, en esta breve reseña, nos ocuparemos de la vida y obra de la escritora y poeta Gaby Arce Muñoz, cuya producción no solo responde a la literatura femenina, sino a la literatura infantil y juvenil en la localidad.
I
Mi verso es un gemido de amaranto /dintel a la puerta de la aurora /dosel de sueños y campanas /tintineo de cencerro y cascabeles. (Gemido de amaranto).
Yulemí Gaby Arce Muñoz, cosechó a través de sus versos una grata sensibilidad, canalizó los afectos maternales, el sentimiento familiar, que siempre propician un ambiente hogareño. Seguramente, la poeta sentía grata admiración por la planta sagrada de los incas. Un amaranto de sueños y esperanza, cuya esencia aún se conserva en las tumbas precolombinas que prueban su temprana domesticación. Dichos granos con sus propiedades curativas, vigorizantes, afrodisiacas y esotéricas, inspiraron estos versos de grata recordación.
Se trata de una construcción literaria que revela espacios de protagonismo que nos reencuentra con la cultura andina de tradición milenaria. Es el grito entusiasta de una mujer que supo conquistar con la palabra y contagiar su amor por las regiones de nuestra patria, no en vano es autora de un poema titulado “Ayacucho” y muchos otros que evocan el paisaje peruano.
II
¿Hasta cuándo... /perdemos los sueños? /¡Los infantes nacen sin mañana! /¿Hasta cuándo?... (Hasta cuándo)
Su preocupación por la niñez plasmada en su poética, la llevó a presidir la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil, donde realizó una magnífica labor estimulando el desarrollo literario de esta temática en el Perú. El año pasado, fue homenajeada por la Escuela Regional de Arte Dante Nava y la Institución Educativa Los Delfines a través de un recital de poesía infantil que tuvo lugar en el Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa, donde niños, jóvenes y docentes de las instituciones educativas locales declamaron sus poemas, interpretaron sus dramatizaciones y canciones.
La distinguida maestra nació en Juliaca (Puno) en 1936, pero elevó su canto a la vida y la niñez en la Ciudad Blanca de Arequipa desde su adolescencia, y batiendo los estruendos, llegó a una ‘primavera’ que se siente solitaria y abandonada. Entre sus títulos para niños podemos destacar: <<Capullito de versos>> (1996), <<Burbujitas>> (1997), <<Trinos>> (2006), ocho trípticos <<Gotitas de cristal>> y <<Protesta de Cuculí>> (2009), los dos últimos corresponden a la poesía ecológica, y es autora de otros libros de poesía: <<Canto a Huancané>> (1995), <<Voces del silencio>> (1998), <<Filigrana>> (2000), etcétera.
III
Yo tengo en mi casa /Mi gato, mi perro /Un gallo que canta /Y un loro faldero. (Mis Mascotas)
 <<¡Yo los quiero mucho!>> dice la poeta, que además de componer versos fue actriz y directora de teatro. Gaby Arce, creció en un ambiente artístico desarrollando cualidades poéticas y escénicas que impulsaron sus padres y maestros. Además, su compromiso con la docencia inspiró guiones teatrales que le permitieron ganar algunos premios como el de Teatro Escolar en la puesta de la obra “Micaela Bastidas” de Sara Yofré. Asimismo, fundó la Asociación de Teatro Talía en Arequipa, aporte fundamental en esta tierra, cuna de grandes artistas.
IV
Vuelves del más allá /a mis días gastados /vuelves crecida en luz /en mis recuerdos... (Madre)
Gaby ha dedicado innumerables versos al amor maternal en afinidad con la dimensión celestial, apreciamos la pureza que resplandece al albor de la vida y la luminosidad nos ciega eternamente. La poeta fue una extraordinaria promotora cultural. Licenciada en Ciencias Histórico Sociales y en Educación por el Arte. Ha sido coordinadora del Movimiento literario de la Mujer en el país y el extranjero.
También fundó el Movimiento Sur Peruano de Escritoras, la Asociación Sur Peruano de Escritores y Artistas (ASEA). Fue presidenta del Centro de Escritoras Arequipa (CEA) en dos oportunidades, la primera entre 1999 y 2001 y, la segunda, entre 2001 y 2003. Y, socia de la Asociación Femenina de Profesionales, del Club del Libro Regional, del Servicio a la Comunidad Femenina (SERCOFE), coordinadora en Perú del Movimiento Internacional “AMA” y de Escritores Cordobeses Asociados (ECA - Argentina).
V
Estas presente en mí ¡Mamá! /Vives en mi aliento /Eres mi alegría y mi tristeza. /Viajamos juntas en el tiempo. (Tiempo)
Participó activamente en los círculos intelectuales a nivel local y nacional, promoviendo la difusión del conocimiento y demostrando su amor por las letras. Por todo ello, está considerada en numerosas antologías poéticas como: <<Peruanas del Siglo XX>>, <<Poesía Infantil y Juvenil Peruana del Siglo XX>> de Jesús Cabel, <<Tierna Guerra>>, donde según el crítico literario Tito Cáceres Cuadros, <<exhibe muestras de poesía infantil>>.
La escritora peruana ocupó el segundo lugar en el concurso de poesía infantil convocado por APLIJ-A en 1987. Fue distinguida con la Medalla y Diploma de la Cultura de la Municipalidad Provincial de Arequipa en mérito a su labor docente y artística en 1998, Medalla y Diploma de Honor de la Municipalidad de San Román (Puno) en 1999, Medalla de Oro y Diploma de Honor de la Biblioteca Nacional del Perú en 2000, Medalla y Diploma de Honor de la UNSA en 2003. El VII Encuentro del Movimiento Sur Peruano de Escritoras (MOSPE) realizado en Puno en 2007 se organizó en su honor. Y ha sido reconocida en el extranjero. El Círculo de Narradores “Paso de León” de Villa Dolores (Córdoba-Argentina) la homenajeó en el año 2010.
VI
Encanecí junto a ti ¡Madre! /Triste y pausada. /Entre vivencias y recuerdos /Soy como tus desvelos /Tengo el tamaño de tus ansias /La profundidad de tu pena. (Tiempo)
Querida Gaby, aquella tierna voz que hace poco susurraba con el viento acaba de apagarse. Sin embargo, tu poesía, tus versos matinales, continuarán alegrándonos cada amanecer, verde, colmado de jilgueros y de rebosante de sol. Siempre estarás presente porque fuiste una extraordinaria mujer, una genial poeta, gran profesional, buena amiga y verdadera maestra de la vida. Llevamos una palomita y ojos de cuculí en el corazón.

Arequipa, julio de 2015.

LOS AREQUIPEÑOS ILUSTRES OLVIDADOS EN EL CEMENTERIO GENERAL

LOS AREQUIPEÑOS ILUSTRES OLVIDADOS EN EL CEMENTERIO GENERAL
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Diario El Pueblo. Arequipa, 15 de agosto de 2015
Nicho de Francisco Mostajo Miranda
Cementerio General de la Apacheta
El centenario Cementerio General de la Apacheta alberga en su recinto a numerosas familias y personalidades que en algún momento de la historia compartieron sus experiencias e ideales, fueron protagonistas de muchos acontecimientos que hoy atesoramos y asimilamos a nuestra identidad, contribuyeron a la permanencia de una memoria colectiva y con su ardua labor en diferentes rubros de la sociedad, cimentaron las particularidades que definen la arequipeñidad.
En la Apacheta descansan los restos de personajes ilustres que actualmente son citados en diversos trabajos de investigación. Nos vanagloriamos hablando de ellos. Los homenajeamos realizando ceremonias y colocando arreglos florales al pie de sus monumentos. Designamos  a las calles, avenidas, parques y plazas con su nombre; sin embargo, al presente, las tumbas y nichos que acogen sus restos están en abandono.
La tarea de identificar y conservar el sepulcro de los ilustres en dicho panteón es sumamente difícil pero necesaria. En el año 2013, el Gobierno Regional y la Dirección Desconcertada del Ministerio de Cultura Arequipa, emprendieron una interesante labor en el Cementerio de la Apacheta, el ministerio identificó a ciertas personalidades y publicó un libro que consigna la breve biografía de cada uno de ellos, datos recogidos de la bibliografía local existente.
En aquella oportunidad se dio a conocer a los siguientes intérpretes de la historia local y nacional: don Jacinto Ibáñez, uno de los primeros fundadores del periodismo arequipeño; el prócer Mariano Melgar Valdivieso; el ex presidente del Perú, Pedro Diez Canseco; el científico Hipólito Sánchez Trujillo; el historiador Mariano Ambrosio Cateriano; el ex presidente del Perú, Eduardo López de Romaña; el arquitecto Juan Rodríguez; el escultor José Luis Villanueva; y el recordado el filósofo y escritor, Jorge Polar.
Revisando aquel centenar de páginas, figuran también: el industrial Manuel Muñoz Nájar; el poeta Edilberto Zegarra Ballón; el industrial  J. Miguel Forga Selinger; el historiador Santiago Martínez; la escritora norteamericana Harriet Monroe; el senador Mariano Lino Urquieta; la novelista María Nieves y Bustamante; el caudillo Francisco Mostajo; los fotógrafos Carlos y Miguel Vargas Zaconet; el poeta César Atahualpa Rodríguez Olcay; los pintores Víctor Martínez Málaga, Alejandro Núñez Ureta y Pablo Núñez; el músico Benigno Ballón Farfán; el industrial Pedro P. Díaz; los poetas Alberto Guillén, Alberto Hidalgo y Guillermo Mercado; el pintor Jorge Vinatea Reinoso; los maestros José Carlos Bernedo Málaga y Carlos Manchego; el empresario René Forga; el héroe Neptalí Valderrama; el ex alcalde de Arequipa, Ulrich Neisser; el músico José Dávalos Salazar y, finalmente, el conocido héroe civil del ’50, Arturo Villegas.
De esta relación, uno de los nichos más olvidados resulta ser del recordado escritor e historiador Mariano Ambrosio Cateriano. Pese a que el Ministerio de Cultura ha colocado una signatura denotando su importancia entre las demás sepulturas, la lápida –con el transitar de los años– ha perdido lustre, e incluso, de no ser por la placa del ministerio, estaría a punto de no identificarse. Éste año celebramos un centenario de su fallecimiento, sin embargo ninguna institución que viene conmemorando al personaje se ha preocupado por refaccionar las inscripciones de dicho mármol.
Asimismo, muchos ilustres aún no han sido ubicados en el cementerio, sobre todo los que descansan en nichos. Yacen en el olvido, ello se debe a la falta de conocimiento sobre la obra y existencia de los mismos por parte de la población mistiana. Pocos recuerdan, por ejemplo, al maquetista Guillermo Fernán Zegarra-Núñez; lo curioso es que apreciamos permanentemente los trabajos que se exponen en el Museo Histórico Municipal y son de su autoría. Los restos del eximio artista están en el camposanto de la Apacheta.
Del mismo modo, se encuentran en estado de abandono las tumbas de quienes fueron los padres del Obispo Mariano Holguín Maldonado; tanto el nicho de Manuel Holguín como de Juana Maldonado, presentan lamentables descuidos. Peor aún, el sitio del recordado director del Colegio de la Independencia Americana, Carlos D. Hilburg, podría sufrir el robo de la lápida por hallase fofa. Otras inscripciones que están a punto de desprenderse corresponden al monseñor Manuel N. Silva, Mariano Lino Urquieta, el memorable profesor de latín del Colegio de la Independencia José María Arana, el magistrado Manuel T. Marina, el canónigo Mariano E. de Alarcón, entre otros. Desgraciadamente, el destino que corren muchas oquedades no identificadas será la exhumación.
El cementerio emblema de Arequipa que viene revalorando la Sociedad de Beneficencia, también acoge en sus departamentos y pabellones a personalidades de otras provincias y regiones, tal es el caso del destacado literato e historiador puneño Vladimiro Bermejo Portugal, la periodista Luzmila Justo de Ochoa que dirigía la “Voz de Camaná”; el ilustre camanejo Jacinto Pastor Larrea (hijo de Samuel Pastor Caballero); Diego Rosel, quien fue Juez de Primera Instancia de Islay; el escritor de temas andino Víctor Enríquez “Mateo Jaika”, por mencionar algunos.
Cabe destacar que muchos se localizan cerca de sus familiares. Jorge Vinatea Reinoso advierte como vecinos a sus padres: José M. Vinatea y Elena Reinoso. Lo mismo ocurre con Arturo Villegas que tiene a sus hermanos Carlos y Frida en el mismo pabellón, y, en un departamento continúo, están sus papás: Alberto Villegas de la Cuba y Carmen Romero, con su otra hermana, Marta. El historiador Antero Peralta fue depositado continuo a su esposa María Úrsula Vizcarra. Mientras el monseñor Santiago Delgado Butrón está acompañado de sus padres: Santiago Delgado Valencia y Lindaura Butrón.
Ahora, no todos los difuntos gozan del descanso eterno cerca de su pareja o familiares cercanos, tal es el caso de los hermanos Vargas o de César Atahualpa Rodríguez Olcay que descansa a considerable distancia de su señora, doña Elena Vargas, ni siquiera está próximo a su hermana Ernestina Rodríguez. Hay personajes que son visitados constantemente como Jacobo Dickson Hunter, Luis Dunker Lavalle, Carlos A. García Ureta; otros, esperan dicha atención, entre ellos tenemos a Carlos bellido Gutherigde, a quien recordamos como héroe civil del ´50 que cayó herido en la Plaza de Armas, al magistrado Belisario Calle y el poeta-periodista Luis de la Jara.

Ha llegado el momento de que las autoridades y familiares se hagan cargo de proteger los sepulcros y nichos de quienes reconocemos como el pendón de la arequipeñidad y peruanidad. 

MENTIRAS Y VERDADES DE LA FUNDACIÓN DE AREQUIPA

MENTIRAS Y VERDADES DE LA FUNDACIÓN DE AREQUIPA
No fue Garcí, sino García el fundador de la ciudad

Por: Hélard A. Fuentes Pastor
Publicado en el diario “El Pueblo” (agosto de 2015) y semanario Énfasis No. 1 (agosto de 2015).

Dibujo de MAROVE
El 15 de agosto de cada año conmemoramos un aniversario más de la fundación de nuestra querida Ciudad Blanca. Arengamos a viva voz ¡soy arequipeño! Entonamos un Himno de Gloria compuesto por el músico-pianista Aurelio Díaz y escrito por Emilio Pardo del Valle. Recitamos los poemas de Guillermo Mercado, Alberto Hidalgo y César Atahualpa Rodríguez Olcay. Bailamos al son de los huayños y pampeñas inspiradas por Benigno Ballón Farfán. Recordamos el sacrificio de Mariano Melgar. Gritamos ¡Apujllai! y jugamos el carnaval. Sin embargo, cuánto conocemos de la historia inicial de Arequipa.
El pasado que nos narran en los colegios respecto a nuestra fundación, padece una tremenda fabulación que irremediablemente se ha ido arraigando hasta convertirse en una absurda y terca verdad. Hoy, sabemos que Arequipa merece una verdadera historia, entender la magnitud de sus procesos sociales y comprender la auténtica dimensión de su identidad. En tal sentido, uno de los temas que cobra gran relevancia en los primeros momentos de su vida colonial gira en torno a los personajes que influyeron en su fundación.
Han pasado más de cuatro siglos y aún muchos ciudadanos siguen creyendo que el fundador de Arequipa fue el Capitán Pedro Anzures de Campo Redondo, basándose en el error que cometió el destacado escritor y prócer peruano Hipólito Unanue cuando afirmó, en su “Guía política-eclesiástica y militar del virreinato del Perú años de 1793 y 1794”, que aquel personaje recibió la orden de Francisco Pizarro de fundar una villa al sur del país. Lo cierto es que, el Capitán Anzures, jamás estuvo en la localidad cuando se operó la fundación, está comprobado que se encontraba en el Collasuyo, es decir, en dirección al sur hacia Chile, y Arequipa, se ubicaba en el Cuntisuyo.
Pese a las aclaraciones del historiador Francisco Delgado Javier y Vargas en el siglo XIX, algunos intelectuales y escritores no dejaron de desenterrar la polémica resuelta hace aproximadamente 200 años. No obstante, podemos dejar en claro que quien recibió la orden de fundar esta ciudad fue el español nacido en Plasencia, García Manuel de Carvajal, hijo legítimo de Juan Manuel Villena y Elena de Carvajal; y, por otra parte, es necesario recalcar que participaron de aquel importante acto 89 españoles, quienes también vendrían a ser fundadores de Arequipa.
Asimismo, muchas investigaciones hablan del fundador, hasta una calle de IV Centenario lleva su nombre. Los intelectuales, periodistas y la población mistiana insisten en llamarlo: Garcí Manuel de Carbajal. No falta quienes trastocan el orden presisando: Manuel Garcí de Carbajal, Manuel y Garcí o Manuel de Garcí. Empero, se trató de <<García Manuel de Carvajal>>, argumento que está probado gracias al conocimiento paleográfico y las recientes investigaciones al respecto. Examinando su firma percibimos detalles curiosísimos, se puede apreciar que el nombre se encuentra abreviado como <<GRA>>, seguido de los apellidos <<Manuel de Carvajal>>, éste último con “v” y no la “b” larga que suele utilizarse comúnmente. Además, recordemos que el nombre <<García>> era muy común en aquella época.
Otro de los aspectos que deben aclararse, es que la fundación no se realizó en Caima ni en el Barrio de San Lázaro, sino en el sitio que corresponde actualmente a la Plaza de Armas (o la Plaza Mayor), de donde partió aquella traza urbana y se instalaron las primeras instituciones civiles y religiosas, de gran importancia para la época. Ésta y otras ficciones surgieron debido a la pérdida del Libro Primero de Actas de Cabildo donde se encontraba el documento de la fundación. Lamentablemente, solo contamos con una copia que halló el historiador Ladislao Cabrera, interfoliada entre las páginas 91 y 92 del Libro Segundo de Actas. Todavía se desconocen las razones de la desaparición del primer registro de cabildo de Arequipa.
La fundación de la ciudad –está demás decir “hispana” o “española” (esto daría pie a otras fundaciones y solo hubo una)– se celebró el domingo 15 de agosto de 1540, día de Nuestra Señora Santa María de Agosto, que por error de lectura paleográfica del prolijo historiador Víctor M. Barriga, la conocemos como la Virgen de la Asunción o de la Asunta, ya que lee y transcribe <<Asunta>> donde en realidad dice <<Nuestra Señora de Agosto>>.
Además, podemos indicar que el primer alcalde que tuvo la Ciudad Blanca o en realidad alcaldes, fueron: Juan Flores y Pedro Barroso. No como se sostuvo por mucho tiempo, iconizando la figura de Juan de la Torre. Lo mencionado está probado por una escritura de poder que otorga el cabildo y data del 11 de octubre de 1540, donde se considera que el cuerpo edil estuvo conformado por: García Manuel como Teniente de Gobernador y Capitán, los mencionados alcaldes, y, Luis de León, Gomes de León, Hernando de Torres, Francisco Montenegro, Andrés Ximénes y Hernando de Silva como regidores.
A partir de estas explicaciones festejamos el Día de Arequipa y recordamos a los primeros protagonistas de su historia; que estos 475 años motiven a nuestros ciudadanos arequipeños acontinuar trabajando y que las autoridades tomen conciencia que la Ciudad Revolucionaria merece la publicación de obras que rescaten su tradición histórica. Debe destinarse un presupuesto para la reedición de importantes títulos –que hoy yacen en el baúl de los recuerdos– y, de todos los historiadores e investigadores que nos ofrecen nuevos aportes. Felices Fiestas.



LA VERDAD SOBRE EL SEPELIO DE FRANCISCO MOSTAJO

LA VERDAD SOBRE EL SEPELIO DE FRANCISCO MOSTAJO

Por: Hélard André Fuentes Pastor
Diario El Pueblo. Arequipa, 6 de octubre de 2015. P. 9.

Con motivo de la presentación de su libro “Célebres Arequipeños”, María Eugenia Tomasio Bouroncle en una entrevista que realiza el periodista José Carlos Mestas, respecto a la inhumación del recordado historiador Francisco Mostajo afirmó lo “Fui personalmente al cementerio y vi la placa que dice “Francisco Mostajo” y tiene una fecha muy anterior a la partida de defunción, la cual está incluida en el libro [Célebres Arequipeños]. Esto lleva a pensar que el Francisco Mostajo que está enterrado en el cementerio de la Apacheta y que no menciona ni tiene inicial del segundo apellido, no es el Francisco Mostajo que nosotros conocemos”.  En honor a la verdad, respeto a sus descendientes, cumpliendo nuestra profesión, compulsando los documentos históricos, es necesario aclarar dicha situación.
Francisco Mostajo en la pintura de
Bernardino Delgado
PRIMERO.- Francisco Mostajo Miranda murió el 27 de marzo de 1953 en Arequipa. Resulta descabellado afirmar que falleció antes, pues no solo existe el respaldo documental sino la serie de discursos que dirigieron algunas personalidades como Isaías Mendoza del Solar, Juan Manuel Polar Ugarteche, Alberto Fuentes Llaguno, Edilberto Zegarra-Ballón V., entre otros, leídos emotivamente durante el sepelio de sus restos y publicados en el diario Noticias y El Pueblo de aquella época. Además, existen fotografías del cortejo fúnebre y del ataúd publicadas en la Revista No. 38 de la UNSA en homenaje al tribuno arequipeño.
SEGUNDO.- Mostajo fue velado el día viernes 27 de marzo de 1953 en casa de los deudos. Al día siguiente, al promediar las 11 de la mañana, sus restos fueron trasladados al estrado del Paraninfo de la UNSA donde se levantó una capilla ardiente. Éste mismo día, en la tarde, se realizó el cortejo fúnebre en dirección al Cementerio General de la Apacheta, situación conocida por sus familiares y demostrada con el aviso publicado en diarios por diferentes instituciones convocando a la comunidad para que participen en dicho acto. Leamos la invitación que realiza el Concejo Provincial: “tiene el sentimiento de participar el sensible deceso del que fue ilustre arequipeño, austero Magistrado, distinguido Maestro, ejemplar ciudadano y notable historiador, Señor Don Francisco Mostajo Miranda (Q.E.P.D.) ocurrido la tarde de ayer [27-03-1953]; e invita a la Instituciones y, al pueblo, a concurrir a la traslación de sus restos, acto que tendrá lugar el día de hoy, sábado 28 del que cursa, a las 3 p.m. del local de la Universidad, sito en San Agustín 104, al cementerio general, de acuerdo con el ceremonial establecido por la Corte Superior de Justicia. Arequipa, 28 de marzo de 1953”. El sepelio fue un acontecimiento imponente. Al promediar las 3:15 se inició el desfile fúnebre y el féretro de acero fue cargado en hombros por catedráticos de diferentes facultades de la universidad y miembros del concejo universitario.
TERCERO.- Los restos de Francisco Mostajo se encuentran en el nicho No. 40, cuarto nivel del Pabellón San Javier del Cementerio de la Apacheta y en la lápida se consigna: “Francisco Mostajo Miranda. 27 de marzo de 1953. Vivirás eternamente en el corazón de tu esposa e hijos”. Incluso, el sitio fue identificado por el Ministerio de Cultura, razón por la cual lleva una placa con una pequeña fotografía y bio-data del personaje. En consecuencia, descreo de la versión planteada por Tomasio Bouroncle. Resulta  arriesgado, imprudente e irresponsable afirmar que “no sabemos dónde está enterrado el verdadero Francisco Mostajo”.
CUARTO.- En otros momentos de la entrevista, María Eugenia señala que “Jorge Vinatea Reynoso sí está en Cayma”. Grave error, porque precisamente de nuestra investigación sobre el cementerio general donde ubicamos a más de un centenar de arequipeños ilustres enterrados en dicho panteón, se desprende que los restos del afamado pintor arequipeño están el tercer nivel del Pabellón Santa Mónica y a su costado descansan sus padres José M. Vinatea (+ 7 de mayo de 1949) y Elena R. de Vinatea (+ el 11 de mayo de 1943).
QUINTO.- No podemos teorizar sobre un hecho cuando somos conscientes de que falta consultar documentos y recoger, en este caso, la versión de los familiares. La historia es una ciencia por su apego a la verdad posible, por ello requiere de método y técnica que puede lograrse con la formación profesional. Valoramos las inquietudes de todos los ciudadanos, pero no por ello dejamos de aclarar algunos aspectos con la mayor sinceridad posible a fin de esclarecer dichas inquietudes. Esperamos en la próxima edición de este libro se corrija la versión aparentemente consignada. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

SOLEDAD MALDONADO: VERSOS QUE RESUCITAN A MARIANO MELGAR

SOLEDAD MALDONADO: VERSOS QUE RESUCITAN A MARIANO MELGAR

Por: Hélard André Fuentes Pastor
Arequipa, mayo de 2015.

La escritora Soledad Maldonado
El poemario recientemente publicado por la escritora arequipeña y catedrática de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Soledad Maldonado Zedano, suscita innumerables reflexiones líricas en torno al Bicentenario del Sacrificio Patriótico de Mariano Melgar Valdivieso en Umachiri. Los cuatro cantos que estructuran dicha producción literaria, se encuentran precedidos por algunos versos de la autoría de Melgar (“Por fin libre y seguro” y “Yaraví”), los cuales nos aproximan a la sensibilidad circunscrita en los recovecos de nuestro proceso histórico. No en vano, el texto titula: “Ya llegó el dulce momento” (Arequipa. Febrero del 2015), que inmediatamente nos coloca ante el dramático desenlace de Melgar, y a su vez, remite a una antigua pero no olvidada composición suya.
El primer canto como un momento iniciático tiene una significación muy particular. Aquí, brotan las impresiones históricas con fuerte contenido espiritual, invocando al “Misti” –símbolo natural de nuestra arequipeñidad– mediante los siguientes versos: “Desde el hoyo /del tiempo /voraz matriz /volcánica /y candente /del cónico /portento azul /emano en efluvios /haciéndome /mujer”; para luego, hablarnos de ausencia y olvido, y recordarnos dos grandes talantes forjados en esta tierra por diferentes generaciones: lo eclesiástico y lo rebelde, sin contraponerlos, por el contrario propicia la integración de ambos: “Te Amo /doscientos años /entre repiques /trincheras /y cantares /del clerical /y rebelde /suelo nuestro”. En tal sentido, no solo reconstruye el paisaje con cada una de las caracterizaciones y particularidades que alimentan la idiosincrasia del arequipeño, también nos incorpora a la sensibilidad femenina.
Aquellas románticas notas conducen a un segundo canto, donde el río (entendemos que se trata del “Chili”) –otro símbolo natural de la arequipeñidad–, encausa a la afectividad de Mariano Melgar, veamos: “La voz del tiempo /despeña mil ecos / por el antiguo río /cantando /cantando rugidor /baja a chorros /la historia de tu amor /por la ingrata”. Evidentemente, se está aproximando al aspecto subliminal de la vida del mártir y poeta arequipeño, es decir, a su condición humana, con la finalidad de comprender y explicar su lucha, tanto en el plano poético y amoroso como patriótico, que ha llevado a los estudios de este periodo a un debate permanente, sobre todo, cuando se trata de hablar del “genio poético” de Melgar y “el combativo acento /de tu estirpe libertaria [...]”
Después de ser fusilado en Umachiri (acontecimiento ocurrido un 12 de marzo de 1815), el personaje –ya histórico– fue motivo de innumerables estudios de diferente índole, mereciendo reconocimiento local, nacional e internacional. Por ello, la autora del poemario, afirma con certeza y convicción: “Tu nombre /esbelta rama /florecida /en infinito beso /con los siglos”, y en seguida, menciona otras cualidades que sustentan aquella atención sobre la vida del héroe arequipeño: el yaraví, el alma popular y sus amores.
Con estas imágenes nos encontramos en un tercer momento, cuyo tenor gravita en torno al patriotismo y las ideas emancipadoras de la época, recitemos: “Vencido en Umachiri /condenado a morir /no hay para detenerte /ni hondazos ni bayonetas /y en el pecho /de los nuestros /tu imagen /subleva hogueras”. Éste cantar da cuenta de aquel trágico encuentro con la muerte, y en próximas líneas, revela el resultado del sacrificio patriótico: “No has muerto en vano” –afirma la poeta– “Reencarna tiernamente /la luz constante /de tu amor /en el ombligo social /de todas las conciencias”. Ciertamente, la lucha por una verdadera Independencia, aún continúa, y estos paradigmas históricos, motivan a continuar batallando por la justicia, dignidad y libertad de nuestro pueblo.
El cuarto y último canto, es un abanico de figuras y significados; observamos a Umachiri como Altar del Sacrificio y madre ideada, a la Patria Nueva como resultado de la libertad, siempre ensoñada. Aquel canto, es la mística resonancia del pasado que se proyecta al presente. Si la remembranza, atendiendo a un espacio-tiempo, nos situó en los efluvios del Misti, ahora finaliza en los campos de Umachiri con las gélidas ventiscas, el Ichu, las gaviotas cordilleranas y la Pachamama. Con este breve comentario, saludamos y celebramos la última composición poética de Soledad Maldonado.



LA CHICHERÍA Y LA PICANTERÍA EN AREQUIPA

LA CHICHERÍA Y LA PICANTERÍA EN AREQUIPA

Por: Helard Fuentes Rueda y Hélard André Fuentes Pastor.
Publicado originalmente en el diario El Pueblo. Arequipa, agosto de 2013.           

Una primera aproximación a la culinaria de Arequipa, dentro del vasto territorio del Perú, nos revela conceptos muy importantes, para realzar la cultura arequipeña, propia y legítima, no solo en el ámbito local o regional, sino también en el exterior. Estamos en condiciones de afirmar que Arequipa es la cuna de la gastronomía peruana.
La cultura que se formó y desarrolló en el extenso territorio de los siglos formativos de Arequipa –cuya historia aún no sido estudiada, analizada e interpretada a cabalidad–, es de una legitimidad y autenticidad que sorprende cada vez más. Por ejemplo, la música (el yaraví, Pedro Ximénez Abrill), el habla y la culinaria, entre otras, son manifestaciones culturales creadas o recreadas en los siglos XVI y XVII y que constan aún en los manuscritos (los de más difícil lectura paleográfica, pero también los más depredados por internautas de nuestro tiempo).
Los términos: chicha, chichera (o), chichería, constan en los diccionarios españoles, excepto el de picantería. Éstos últimos son auténticamente peruanos, nacidos en Arequipa; no tienen por qué hacer alusión a ‘América’ u otros países, por más que señalen el ámbito de influencia. La CHICHERÍA, se origina en Arequipa hacia mediados del siglo XVII, (1650, aproximadamente), sino no es antes; y, la PICANTERÍA, surge a mediados del siglo XIX, (1860, aprox.). Desde entonces, fueron oficios, exclusivamente, desempeñados por las mujeres. A través de ellas, la cocina hogareña o doméstica, se proyecta al gran público. A su vez, la exigencia de éstos, los ‘parroquianos’, comensales o picanteros, fuerzan la inventiva de las chicheras y picanteras, recreando o creando esos deliciosos y emblemáticos platos o potajes, por su antigüedad, en fogones, avivados con el ccapo, la yareta o la tola, en ollas de todo calibre y chombas de barro. El restaurant, aparece una década después de la picantería.
El proceso histórico, se dio desde el mesón español y el tambo inkaiko, en el cual se enriqueció aquél, para que en el curso de cien años apareciera la chichería, y en otros dos siglos, acunara la qollana y sumaq (la excelencia y hermosura) de la comida arequipeña: la picantería. Por otro lado, la chichería fue un fenómeno cultural urbano, que se asentó, primeramente, en las casas de las calles céntricas de la ciudad. Tanto la comida española como la inkaika, de por sí estuvieron incompletas, y necesitaron de complemento de los productos, aromas y de la amalgama de los sabores.
La Chichería. Es una creación de la colectividad arequipeña del siglo XVII. La chichería es el local hogareño para la venta de la chicha. Aunque, cabe mencionar, que la chicha debe haber sido, primero, una bebida de consumo interno familiar. Sin embargo, no solamente es el establecimiento para expender la chicha, sino también el local u “oficina” para comer y servirse comidas o platos. Esta acepción no está en los diccionarios. La chichería viene a ser, desde este punto de vista, el antecedente de nuestra picantería. En un comienzo las chicherías son de difícil ubicación, por la falta de denominación de la mayoría de las calles de Arequipa, que permanecieron innominadas por varios siglos, con excepción de la calle de los Mercaderes, de antiquísima nombradía, y otras pocas, que escapan a la memoria. En general, a fines del siglo XVIII y comienzos del siguiente, las calles se consignan en la nomenclatura, primero popular y después oficial.
Entre las primeras chicheras, tenemos a: Juana Yaque y cocinera (1652)*; Augustina de Zevallos, Paula de la Rea y Andrea de Tapia y Padilla (1654); Micaela de Salazar y Sebastiana Rodríguez (1672), Francisca Rodríguez de Valer (1683), Catalina de Salinas (1684), María de Buytrón (1691), Juana Rimachi (1710), Ana Guarca (1742), Rosa y Francisca Lizárraga (1748), Jordana de Origuela y Paz (1759), Manuela e Inés de Sosa y Cáceres (1760), Paula Escalante y Joachina de la Cuba (1770), María Gutiérrez y Rosalía Soria (1780), Juana Josefa Rosel (1813), Josefa de Tal, María Alemán, Francisca Zegarra y la apodada ‘la Platera’ (1824), Bernardina Herrera (1830), Juana Medina (1844), Tadea Ascuña Jurado, Petronila Perea y Teodora Rojas (1860), Manuela Evia (1861), Manuela García y Barreda (1892) y Rosaura Velarde de Talavera (1899).
La Picantería. La picantería, otra creación de la población arequipeña, aparece a mediados del siglo XIX, antes de la aparición del ferrocarril. En esta institución, probablemente, se plasmó la variedad, el enriquecimiento y la popularidad de los potajes arequipeños. La chichería, que fue languideciendo, convivió con la picantería, hasta que ésta se impuso, irremediablemente, hasta nuestros días. La picantería es de más fácil ubicación por la dirección del local, y hacia fines de este siglo, estos establecimientos acostumbran llevar nombres o títulos sugerentes, como la picantería de “Los Chunchos”, (1871) de propiedad de Miguel Díaz, en el callejón de los Cristales, cerca de la plaza del Matorral, en el barrio tradicional de San Lázaro.
La Picantera, es también un oficio, y ‘picanteras’ se denominan, a boca llena, sus titulares. Entre estas dignas mujeres, tenemos a: Francisca Borja Cuadros (1860), Cayetana Bedoya (1864), Asencia Rodríguez y Manuela Zea (1864), Manuela Zevallos (1871), Manuela Mendoza (1881), María Zevallos (1881), Manuela Avilés (1883), Manuela Álvarez y Zegarra, Isabel Meza y Petronila Zevallos de Gomallo (1864), María Soto, Maximiana García, Isabel Cuadros (1892), Manuela Díaz (1893), Teresa Benavente y Manuela Cáceres viuda de Benavides (1893), María Fernández y Basilia Salas de Gómez (1894) y Francisca Salas (1899), entre otras. Pedro de Villanueva, cocinero de uno de los últimos virreyes (Camaná, 1801) y el asiático Assen (cocinero, 1872), son la excepción.
El güiñapo se traía de Yarabamba y Quequeña, preferentemente, y estaba sujeto a un arbitrio. Doña Martina Cárdenas, fue una célebre güiñapera, quien, en 1864, otorgó su testamento a los 70 años de edad. El ‘restaurant’, de raíz inglesa, aparece en 1872 aprox.
Por último, como una contribución a la culinaria arequipeña, mencionamos algunos guisos cumpleañeros de factura familiar, porque sólo se preparaban en los cumpleaños de padres e hijos y descendientes directos. El ‘bistemacho’ con huevos escalfados, por línea paterna (Jesús Fuentes Portugal, del barrio de San Lázaro), para el almuerzo del medio día, con una previa ‘ocopa arequipeña’; y, para la cena, los ‘niños envueltos’, por línea materna (Angélica Rueda Velasco, del barrio de San Antonio Abad de Miraflores). Ambos platos, heredados de sus ancestros, tienen una antigüedad de más de 150 años.

FUENTE PRIMARIA
Archivo Regional de Arequipa
Archivo Municipal de Arequipa
(*Se consigna la fecha aproximada, para preservar los originales).