sábado, 7 de noviembre de 2015

SOLEDAD MALDONADO: VERSOS QUE RESUCITAN A MARIANO MELGAR

SOLEDAD MALDONADO: VERSOS QUE RESUCITAN A MARIANO MELGAR

Por: Hélard André Fuentes Pastor
Arequipa, mayo de 2015.

La escritora Soledad Maldonado
El poemario recientemente publicado por la escritora arequipeña y catedrática de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Soledad Maldonado Zedano, suscita innumerables reflexiones líricas en torno al Bicentenario del Sacrificio Patriótico de Mariano Melgar Valdivieso en Umachiri. Los cuatro cantos que estructuran dicha producción literaria, se encuentran precedidos por algunos versos de la autoría de Melgar (“Por fin libre y seguro” y “Yaraví”), los cuales nos aproximan a la sensibilidad circunscrita en los recovecos de nuestro proceso histórico. No en vano, el texto titula: “Ya llegó el dulce momento” (Arequipa. Febrero del 2015), que inmediatamente nos coloca ante el dramático desenlace de Melgar, y a su vez, remite a una antigua pero no olvidada composición suya.
El primer canto como un momento iniciático tiene una significación muy particular. Aquí, brotan las impresiones históricas con fuerte contenido espiritual, invocando al “Misti” –símbolo natural de nuestra arequipeñidad– mediante los siguientes versos: “Desde el hoyo /del tiempo /voraz matriz /volcánica /y candente /del cónico /portento azul /emano en efluvios /haciéndome /mujer”; para luego, hablarnos de ausencia y olvido, y recordarnos dos grandes talantes forjados en esta tierra por diferentes generaciones: lo eclesiástico y lo rebelde, sin contraponerlos, por el contrario propicia la integración de ambos: “Te Amo /doscientos años /entre repiques /trincheras /y cantares /del clerical /y rebelde /suelo nuestro”. En tal sentido, no solo reconstruye el paisaje con cada una de las caracterizaciones y particularidades que alimentan la idiosincrasia del arequipeño, también nos incorpora a la sensibilidad femenina.
Aquellas románticas notas conducen a un segundo canto, donde el río (entendemos que se trata del “Chili”) –otro símbolo natural de la arequipeñidad–, encausa a la afectividad de Mariano Melgar, veamos: “La voz del tiempo /despeña mil ecos / por el antiguo río /cantando /cantando rugidor /baja a chorros /la historia de tu amor /por la ingrata”. Evidentemente, se está aproximando al aspecto subliminal de la vida del mártir y poeta arequipeño, es decir, a su condición humana, con la finalidad de comprender y explicar su lucha, tanto en el plano poético y amoroso como patriótico, que ha llevado a los estudios de este periodo a un debate permanente, sobre todo, cuando se trata de hablar del “genio poético” de Melgar y “el combativo acento /de tu estirpe libertaria [...]”
Después de ser fusilado en Umachiri (acontecimiento ocurrido un 12 de marzo de 1815), el personaje –ya histórico– fue motivo de innumerables estudios de diferente índole, mereciendo reconocimiento local, nacional e internacional. Por ello, la autora del poemario, afirma con certeza y convicción: “Tu nombre /esbelta rama /florecida /en infinito beso /con los siglos”, y en seguida, menciona otras cualidades que sustentan aquella atención sobre la vida del héroe arequipeño: el yaraví, el alma popular y sus amores.
Con estas imágenes nos encontramos en un tercer momento, cuyo tenor gravita en torno al patriotismo y las ideas emancipadoras de la época, recitemos: “Vencido en Umachiri /condenado a morir /no hay para detenerte /ni hondazos ni bayonetas /y en el pecho /de los nuestros /tu imagen /subleva hogueras”. Éste cantar da cuenta de aquel trágico encuentro con la muerte, y en próximas líneas, revela el resultado del sacrificio patriótico: “No has muerto en vano” –afirma la poeta– “Reencarna tiernamente /la luz constante /de tu amor /en el ombligo social /de todas las conciencias”. Ciertamente, la lucha por una verdadera Independencia, aún continúa, y estos paradigmas históricos, motivan a continuar batallando por la justicia, dignidad y libertad de nuestro pueblo.
El cuarto y último canto, es un abanico de figuras y significados; observamos a Umachiri como Altar del Sacrificio y madre ideada, a la Patria Nueva como resultado de la libertad, siempre ensoñada. Aquel canto, es la mística resonancia del pasado que se proyecta al presente. Si la remembranza, atendiendo a un espacio-tiempo, nos situó en los efluvios del Misti, ahora finaliza en los campos de Umachiri con las gélidas ventiscas, el Ichu, las gaviotas cordilleranas y la Pachamama. Con este breve comentario, saludamos y celebramos la última composición poética de Soledad Maldonado.