lunes, 28 de diciembre de 2015

CARLOS RIVERA Y SU PROPUESTA EDITORIAL

CARLOS RIVERA Y SU PROPUESTA EDITORIAL
Por: Hélard André Fuentes Pastor
La Asociación Cultural “La Casa de Cartón” y Texao Editores han logrado proyectar una importante difusión cultural en nuestra ciudad.
El jueves 10 de diciembre TEXAO EDITORES –una propuesta editorial del periodista y escritor Carlos Rivera– celebró la decena de publicaciones que ha editado durante este año. Asimismo, reafirmó su comprom
iso con la producción académica en la localidad.
CARLOS RIVERA
Carlos Rivera es un entusiasta periodista y escritor nacido en Arequipa el 14 de junio de 1976, que motivado por la tradición cultural de la localidad y las inquietudes académicas de sus intelectuales, se incorporó a la labor editorial con mucho optimismo, teniendo como resultado la publicación de diferentes obras de carácter investigativo y literario de notable éxito.
Su gestión cultural alcanza importantes eventos desarrollados en distintos espacios como en la Universidad Nacional de San Agustín, la Municipalidad Provincial de Arequipa y la Biblioteca Regional “Mario Vargas Llosa”. En el año 2012, compiló en un libro titulado: “Arequipa y el escribidor. Homenaje a Mario Vargas Llosa Premio Nobel de Literatura 2010”, interesantes artículos referidos al novelista arequipeño que próximamente será reeditado con gratas novedades. Asimismo, ha realizado un trabajo en homenaje a su maestro, el destacado intelectual Arnulfo Ramos, que también nos habla del surgimiento de la Universidad Católica de Santa María.
En el año 2014, reunió a estudiosos y artistas para homenajear al historiador Eusebio Quiroz. La publicación del libro “Eusebio Quiroz Paz Soldán. Entre Arequipa y la historia” es un verdadero testimonio de reconocimiento, admiración,
respeto y amistad de colaboradores como Fernando Valle, Álvaro Espinoza, José L. Vargas, Samuel Lozada, Alejandro Málaga N-Z, Rommel Arce, Percy Eguiluz, Omar Zevallos, Dorian Estrada, Chalo Guillén, entre otros.
De igual forma, Carlos Rivera ha escrito numerosos comentarios y crónicas publicadas en las redes sociales y la prensa escrita. A través de sus notas nos invita a reflexionar sobre el quehacer ciudadano y académico, además de hacer un llamado de atención a las autoridades y ciudadanos para que presten mayor interés por la cultura.
LAS ACTIVIDADES CULTURALES
La pasión por las letras de Carlos Rivera, lo llevó a fundar hace cinco años la Asociación Cultural “La Casa de Cartón”, que inspiró uno de sus autores favoritos: el recordado poeta y narrador limeño Martín Adán. Bajo esta firma cultural, en el 2010 planificó su primera actividad: un conversatorio sobre Mario Vargas Llosa, otro de los autores fundamentales para el periodista. A partir de entonces, comenzó a organizar numerosas mesas redondas y ponencias sobre diversos temas donde el público asistente ha tenido la oportunidad de dialogar con especialistas de las Ciencias Sociales.
En el año 2013, con la Asociación Cultural preparó la mesa redonda “Importancia de la investigación y argumentación jurídica” con Jaime Coaguila, Percy Soncco y Juan Carlos Valdivia; “Las películas de mi vida” con Miguel Barreda, Orlando Mazeyra, Jorge Bedregal, José Luis Vargas, Leo Cáceres y Jorge Monteza; “¿Para qué sirve la escritura?” con César Belan, José Córdova, Yuri Vásquez, Willard Díaz, Jorge Turpo y Paola Donaire; “Chile y Perú. Historia de una fraterna enemistad” con Samuel Lozada, José Luis Vargas, Anthony Medina y Jorge Bedregal; “¿Desborde de la choledad criolla o la reafirmación de la identidad peruana?” con José L. Vargas, Juan C. Valdivia, Jorge Bedregal, César Belan y Orlando Mazeyra; la conferencia “Mariano Melgar. Personaje múltiple y masón” a cargo de Xavier Bacacorzo, entre otros.
Por otra parte, en el 2014 se llevó a cabo el conversatorio “Gabriel García Márquez. La cúspide de la palabra” con Goyo Torres, Orlando Mazeyra, Jorge Bedregal, José Luis Vargas y Jorge Turpo; la presentación del libro “Puno en la Guerra con Chile” de Mario Núñez bajo los comentarios de Rubén Pachari, Juan Guillermo Carpio Muñoz y Eusebio Quiroz; la mesa “Aquella otra pasión. Fútbol” donde participaron Orlando Mazeyra, Jorge Turpo, Dennis Arias, Lessness Podestá y Jorge Bedregal; el taller de escritura creativa “Los infiernos de la ficción” con Orlando Mazeyra, la ponencia de Yuri Vásquez y Dennis Arias; el homenaje a Henry Pease “La memoria y las ideas” con José Luis Vargas, Ángel Manrique, Mario Berrios y Carlos Rivera; el concurso de cometas “La poesía de los cielos” teniendo como jurado a Katherine Medina, Narda Segovia y Alejandro Torres; la presentación de la revista “Lucerna” de Julio Isla con los comentarios de Jorge Monteza, Orlando Mazeyra y Carlos Rivera; y, el conversatorio “Chespirito. Roberto Gómez Bolaños (1929-2014). No contaban con tu astucia” a cargo de Dennis Arias, Lessness Podestá, Andrés Luque y Carlos Rivera
A lo largo del 2015, organizó la presentación del almanaque “Orgullo arequipeño” del caricaturista Dorian Estrada donde acompañaron Eduardo Ugarte y Hélard Fuentes; el concurso de Cartas de Amor “Mariano Melgar” cuyo jurado estuvo conformado por Heiner Valdivia, Mirtha Núñez y Hélard Fuentes; una mesa redonda “Aquella TV basura que odiamos (y nos gusta) tanto” con Julia Barreda, José Luis Ramos, Jorge Bedregal y Milko Torres; la presentación de los libros “Bagate, el pintor negado” y “Yanacocha ¿El sueño dorado? Tomo II” de Reinhard Saifert con los comentarios de Jorge Bedregal, Hélard Fuentes y Dante Martínez; “El rol de la mujer en el siglo XXI” con la presencia de Alejandra Aramayo, Gloria Mendoza, Julia Barreda y Mirtha Núñez Cueva y un conversatorio en homenaje al periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano: “La poesía de las ideas”, con la participación de Orlando Mazeyra, Jaime Araujo y Hélard Fuentes.
TEXAO EDITORES
Cuando se trabaja con alma, corazón y vida como alude la recordada canción de D’yango, se logran extraordinarios resultados. A fines del año 2014, Carlos Rivera fundó Texao Editores, llamativa propuesta editorial que a partir del capullo emblemático de la Ciudad Blanca, ha encendido el naranja alentador y reanimador para la producción escrita en Arequipa.
La primera publicación de Texao fue “¿Cómo redactar la tesis y el artículo científico según el estilo APA?” del especialista en filología Dennis Arias y el psicólogo Julio César Huamaní, que resulta ser indispensable material de consulta al momento de escribir un artículo de investigación científica desde las ciencias experimentales hasta las humanidades.
Otro de los libros publicados por dicha editorial independiente en aquel año fue  “Pretextos para marcar la cancha” (2014), compilado por Rivera, donde reafirma su pasión futbolera y perfila una recompensa al deseo de su padre, Alejo, pues alguna vez quiso que su hijo sea futbolista. La obra congregó a los siguientes autores: Pedro Novoa, Orlando Mazeyra, Elard Serruto, Giovanni Barletti, Álex Rivera, Goyo Torres, Jasson Ticona, Lessness Podestá, César Álvarez, Hélard Fuentes, Jorge Turpo, Eloy Jaúregui, Ángela Delgado, Leandro Espinoza, Roberto Castro, Jorge Malpartida, Omar Suri, Juan Carlos Valdivia, Jorge Bedregal, José Luis Ramos y José Luis Vargas.
UN AÑO DE INTENSO TRABAJO
Cerrando el año 2015, Texao Editores ha publicado aproximadamente diez títulos, los cuales ganaron el aplauso del público en significativos eventos como la Feria Internacional del Libro en Arequipa y la Feria del Libro “Ricardo Palma” en Lima. Así podemos mencionar las siguientes obras: “La voluntad de crear. Método e intuición en Mariátegui” del abogado y catedrático agustino Juan Carlos Valdivia Cano; “Cuando llegaron los wayruros” del literato Goyo Torres; “Cuarto de hora. Ensayos de cultura, comunicación y política del Perú contemporáneo” del sociólogo José Luis Vargas Gutiérrez; “El dilema del erizo” del joven escritor Renato Amat y León; “El viejo Hotel de Fujimori” del periodista y cronista Jorge Turpo Rivas; “Yo mujer. Corazón y coraje” de la abogada y periodista Alejandra Aramayo Gaona; “El agua y el oro. Geopolítica de los conflictos Conga y Tía María” del investigador Efraín Camino Coaguila; y, “Del dicho al hecho. La brecha de implementación en la política pública de población” del sociólogo Mario Gustavo Berrios Espezúa.

La labor aún continúa, por lo que se han anunciado próximas publicaciones que se encuentran en imprenta de autores como Carlos Arturo Caballero y Hélard Fuentes.
Conversatorio organizado por Carlos Rivera. En la foto: Orlando Mazeyra, Jaime Araujo y Hélard Fuentes.

lunes, 14 de diciembre de 2015

UN FLASH DEL PASADO: LA FOTOGRAFÍA EN AREQUIPA

UN FLASH DEL PASADO: LA FOTOGRAFÍA EN AREQUIPA
Hélard André Fuentes Pastor
Historiador y escritor
Publicado en la Revista “Somos Uchumayo” No. 65. Sociedad Minera Cerro Verde. Arequipa, junio de 2015.
Se presume que la fotografía se introdujo al Perú a mediados del siglo XIX, siendo la capital del país uno de los principales escenarios de la producción fotográfica. Su aparición se debe al “daguerrotipo”, una técnica surgida en agosto de 1838 en Paris que permitía fijar imágenes mediante un lente. Dicho procedimiento fue invento del francés Louis Jacques Mandé Daguerre, resultando una verdadera revolución para la historia de la imagen.
A partir de entonces, se realizaron extraordinarios registros del territorio en diferentes pueblos peruanos y retratos a las familias pudientes de nuestra sociedad, quienes generaron gran demanda fotográfica impulsando toda una industria y condujo a la creación de varios estudios fotográficos desde el francés Philogone Daviette hasta el estadounidense J. Newland en Lima. Posteriormente, se formaron talleres nacionales.
El pionero en la fotografía arequipeña fue Maximiliano Telésforo Vargas (conocido como Max T. Vargas) y Emilio Díaz, luminosos artistas del sur peruano que caracterizados por su variedad temática triunfaron en numerosos concursos y proyectaron a la localidad como cuna y residencia de destacados fotógrafos. Y es que el paisaje arequipeño, no solo concentraba la atención de los pintores y poetas que mediante el pincel y la pluma resaltaban la riqueza natural y cultural, también de expertos del lente como Carlos y Miguel Vargas Zaconet (Hnos. Vargas), Martín Chambi, Manuel Jesús Glave, entre otros.
Max T. Vargas (Arequipa, 1873 – Lima, 1959) inauguró su estudio de fotografía en 1896 en la calle Santo Domingo. Desde aquella fecha además de fundarse un taller artístico, se creó un centro de aprendizaje que permitió cultivar otros talentos en dicha rama, tal es el caso de los hermanos Vargas o el puneño Martín Chambi, que trabajaron como ayudantes en su estudio. Bajo su sello se han rescatado innumerables panoramas de la ciudad, entre los cuales podemos mencionar: el Púlpito de la Catedral, Interior-Catedral, la Catedral, Piedra camino a Yura y la Calera, el Cráter del Misti, Puente de hierro y el Misti, Observatorio Astronómico de Arequipa, Cumbre del Misti, Iglesia Yanahuara, vista panorámica de la ciudad, etcétera; y, personajes y familias de la alta sociedad mistiana como los Wagner o Gibson.
Ciertamente, en la primera década del siglo XX se incrementó la producción fotográfica, y dos jóvenes –orientados por Max Vargas– comenzaron a producir sus propias imágenes, nos referimos a los Hermanos Vargas. Así, Carlos (Arequipa, 1885 – 1979) y Miguel (Arequipa, 1887 – 1976) se convirtieron en maestros de la composición y el retoque, sobresaliendo por su autenticidad manifiesta en: la entrada de la Cabezona, Reclutas-Cuartel de Santa Marta, Coristas sobre el escenario, Escuela Fiscal, Casa Forga, Día de cometas, vista de la Plaza de Armas y de Yanahuara, Plaza de Santa Marta, Puente del acueducto San Lázaro, la casona Ricketts y la del Moral, etcétera. Ambos tuvieron su propio establecimiento en 1912, el cual quedaba en el Portal de San Agustín No. 11.
Los hermanos Vargas –hijos de Ángel Custodio Vargas y María Zaconet Bueno–, dejaron como discípulo al arequipeño Manuel Jesús Glave Corrales (nacido en 1903), dando continuidad a la fotografía profesional, es decir, aquella que requiere de una indumentaria adecuada (desde el traje hasta los entornos) y se preocupa de las posturas, los gestos y las técnicas visuales. No obstante, se enriquecía del debate y la crítica entre colegas que buscaban sustentar su arte.
Volviendo a los discípulos de Max T. Vargas, es fundamental destacar la actividad de otro de sus asistentes, el recordado Martín Chambi, quien mantuvo vigente la versatilidad de su maestro. Chambi, a los 17 años de edad comenzó a trabajar en el estudio de Vargas, aprendiendo muchas técnicas y conservando la excelencia de su antecesor.
En aquella época de excelencia, Maximiliano Vargas tuvo una fuerte competencia en la rama de la fotografía, se trataba del arequipeño Emilio Díaz Flores, quien en 1896 fundó su estudio en la calle Guañamarca No. 7 (hoy Rivero) y cuyos trabajos fueron premiados en una exposición parisina de 1900. Díaz Flores fue un fotógrafo que nació en 1870, hijo de José Manuel Díaz y María Flores, se casó con Julia Flores, y falleció en su tierra natal, un 15 de octubre de 1931. Tanto Vargas como Díaz, enorgullecieron el arte fotográfico en la Ciudad Blanca.
La prensa escrita, las postales y exposiciones contribuyeron a la difusión de la calidad artística fotográfica de nuestra localidad, cosechando lauros y otorgando reconocimiento nacional e internacional a los fotógrafos experimentados que desarrollaban su trabajo en regiones alejadas de la capital republicana. Historiar la fotografía en la localidad significa valorar el aporte de los daguerrotipos y analizar la evolución de las cámaras fotográficas, ya que su demanda generó toda una industria.
Mientras a inicios del siglo XX, ésta práctica era exclusiva pues no todos podían “fotografiar”, en 1928 encontramos la propaganda de unas de las primeras cámaras para cualquier usuario, evidenciando la popularización de la actividad. Se trataba de la marca Kodak’s, vendida en la tienda de Belón & Cía (Moral 111-113), distinta a la marca Agfa, que tenía una cámara de doble lente anastigmático de 6 x 9 cm., es decir, buscaba corregir los puntos que suelen aparecer en la imagen, además tenía diez rollos de película y se vendía en la librería L. Albareda (San Juan de Dios 109-113). Agfa ofertaba sus productos ofreciendo precisión, simplicidad y lujo, así entregó otro modelo como fue Agfa-Standard en 1930.
La aparición de las cámaras femeninas Brownie en 1931, revolucionó a la firma Kodak. Su moderno diseño (en color encarnado, gris, verde, marrón y azul), su sencillo sistema y  su elegante estuche “ad hoc”, resultaron ser la innovación entre las cámaras económicas. La empresa, también ofreció la Cine-Kodak Modelo K, que tomaba “películas con tanta sencillez como una kodak toma instantáneas”, y las ofertaba prometiendo la revelación gratuita de las películas en sus laboratorios. Otra marca que destacó a fines de la década del ’30 en Arequipa fue la cámara Voigtlander, que se vendía en M.A.T. de Scollo (Portal de San Agustín 113). Hacia los años ’50, encontramos cámaras nocturnas con portalámparas y a pilas.
Cabe mencionar que los establecimientos de artículos para fotógrafos a fines de 1930, fueron: Albareda León, Belón & Co., César Bustamante, Concha Fernández & Pacheco, Gamón Bedoya & Cía, Hinojosa Felícitas, Octavio Sosa, Vargas Hnos. y Valdivia Rolón A.; y, entre los establecimientos fotográficos destacaban: Cano del Carpio, Caro Eleodoro, Fotografía Gonzáles, Gonzáles V. José J., Perea Portugal, Glave & Alcázar, Shiomura Sucs., Rodríguez Zaconet Guillermo, Rodríguez Zaconet J. de D. y Vargas Hnos.; de éste último grupo, Perea Portugal y Rodríguez Zaconet Guillermo, sumando a Zapana, realizaban fotograbados.
La comercialización de diferentes máquinas en la primera mitad del siglo XX, advierte dos situaciones fundamentales: la fotografía se volvió un trabajo rentable para algunos “fotógrafos ambulantes” (realizaban tomas personales) y existía la necesidad de perpetuar a través de lo impreso los recuerdos memorables de las familias en circunstancias especiales de la vida; volviendo a la fotografía una práctica tanto para profesionales como aficionados.
Por otra parte, de dicha perspectiva de estudio, se desprende la necesidad de catalogar las fotografías hechas por algunos viajeros como las tomas de Charles F. Lummins y Adolph Bandelier, quienes en 1892 emprendieron su viaje al Perú con la Expedición Villard de fines arqueológicos. Lummins y Bandelier llegaron a Arequipa con una cámara de 5’’ x 8’’ y su trípode, realizando varias reproducciones de la ciudad.

No cabe duda que la fotografía constituye el testimonio de muchas generaciones, los colores de un tiempo, una fuente para la historia republicana y contemporánea del país, cuya importancia se traduce en la expresión inmediata de las emociones.

domingo, 15 de noviembre de 2015

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PERÚ: DEL CLOSET A LAS CALLES

LA HOMOSEXUALIDAD EN EL PERÚ: DEL CLOSET A LAS CALLES

Por: Hélard André Fuentes Pastor
Versión publicada en Semanario Énfasis. Arequipa, 30 de agosto de 2015.

La historia de la homosexualidad en los países latinoamericanos es errante, se trata de un tema de estudio ajeno a la comunidad intelectual de gran parte del siglo XX y que recién en las últimas décadas de dicha centuria ha enriquecido su historiografía con la publicación de algunas meditaciones críticas abriendo un permanente debate en torno a los aspectos psicológicos, biológicos, socioculturales, e incluso, constitucionales, en el país. Pese a conocer universalmente la palabra “homosexualidad” desde 1869 (usado por primera vez por la psiquiatra Húngara Károli Mária Kertbeny como el deseo erótico por personas del mismo sexo), recién a mediados del XX cobró importancia en países como Alemania, donde se originaron tendencias de eugenesia en la signada época nazi, cuando la homosexualidad se consideraba como una patología.
El hecho de estar ausente en el conocimiento del pasado histórico de la humanidad, no obstante a sus referencias en la antigua Grecia, Roma y la Edad Media, y ser considerada a partir del siglo XIX y gran parte del XX como una enfermedad, ocasionó severas prácticas discriminativas que se proyectaron hasta la actualidad con la llamada “cultura homofóbica” (Jorge Mercado Mondragón) advirtiendo violencia, crímenes por odio, abandono y un discurso excluyente.
Hay escasas referencias documentales que puedan otorgarnos una visión de la homosexualidad en la época colonial y en la vida republicana, salvo por algunas elucubraciones donde se concibe que siendo el Perú un país de tradición católica determinaba una visión negativa frente toda “práctica sexual dudosa”. Recién en 1900 encontramos algunos documentos en causas criminales de la localidad arequipeña que podría acercarnos a una construcción social. Se trata del empleo del vocablo “maricón” que según el DRAE se trata de un vulgarismo utilizado para calificar al hombre afeminado, empero no siempre fue así, manejaba otro simbolismo manteniendo en todos los tiempos el contenido ofensivo.
En la acusación civil y criminal de Lino Delgado contra Faustino Allier frente a un problema producido en 1901, una testigo declaró lo siguiente: “un día… a la diez de la mañana, bajaba la declarante con la esposa de D. Faustino Allier, y en estas circunstancias, salió D. Lino Delgado á la puerta de su casa, y viéndola á la Allier, dijo que hablase ahora que como le había quitado la vereda á su hija esta vieja; y la Allier le contestó que era un viejo maricón, chichero: que no ha visto más” (ARA. Causas Criminales. Leg. No. 012-1903). Puede que este término esté relacionado a la falta de hombría al momento de asumir responsabilidades o a la cobardía masculina. Lo cierto es que se trata de un vocablo referido al varón pero de modo injuriante o agraviante, como fue la expresión “calenturosa” para la mujer, y, por consiguiente, el destino de “marión” estaba encaminado a la orientación sexual insidiosa en las futuras sociedades.
Lógicamente, las poblaciones de inicios de siglo tenían una definición sólida de su catolicismo, y todo término que estaba fuera de su resplandor resultaba ser el peor agraviante, así los dolorosos insultos fueron: puta (prostitución), bicicleta (adulterio), bruja (herejía) y maricón (falta de hombría). Este pensamiento se  transmitió a las siguientes generaciones, estereotipándose muchas ideas que marcharon en un contexto mundial bélico, donde la homosexualidad también era penada, basta observar el Código Penal nazi de 1935 en que la sola denuncia como homosexual generaba juicios, arresto y tortura–. Por ello, no se puede concebir una pública y masiva difusión de apuntes periodísticos referidos a dicho particular en el Perú.
Recién a mediados del siglo XX, cuando el sensacionalismo tomó fuerza en la prensa escrita, se notició respecto a unos escándalos que se habían producido en la capital como es el recordado “Baile de Pervertidos de febrero de 1959”. En aquella oportunidad, se organizó una fiesta en los salones del Restaurant “La Laguna” de Barranco, donde concurrieron más de un centenar de varones con ademanes, comportamiento afeminado y vistiendo trajes femeninos.
La noticia de fines de la década del ’50 suscitó angustia en toda la nación, más aún cuando se descubrió que un comisario estaba enterado de la organización de dicho festejo y no impidió su realización. Los llamados “chicos del grupo contrario” o “desviados sexuales” fueron censurados y prisioneros junto al Capitán Carlos Padilla (cuñado del organizador del baile Hernando Galindo Rojas “La Nena”) y el dueño del local Augusto Postigo Palacios; los primeros son acusados de atentar contra la moral pública, y el segundo, por negligencia y lenidad. Esto sugiere la percepción negativa de la ciudadanía frente al travestismo y homosexualidad, cuyas locuciones no se emplean en el apunte periodístico.
La detención de los implicados en esta fiesta, la posición de varias instituciones civiles y sociales como la Asociación Peruana de Higiene Social, la mirada negativa de la prensa escrita, no solo manifiestan censura, sino prohibición, repulsión y punición. En tal sentido, la Prefectura de Lima ordenó la clausura del local, la disposición del “Club de los Pervertidos” a las autoridades competentes para su sanción y, la Jefatura de la Novena Región de Policía, precisó que el efectivo sería depositado con rigor en el Cuartel “Gutiérrez Andía”. En una sociedad machista y patriarcal, ser homosexual significaba inmoralidad, ir contra las buenas costumbres, ganarse el repudio general y sufrir castigos, restringiendo inmediatamente la libertad sexual de muchos ciudadanos, además de mantenerlos en la clandestinidad. Es posible que el tiempo de carnaval con sus excesos haya permitido aflorar muchos espíritus reprimidos.
Con el surgimiento del rock en Norteamérica durante la década del ’60 –cuyo modelo comenzó a influir en la juventud y en los comportamientos sociales– se exteriorizó la sexualidad de los individuos que hasta entonces evitaban exponer su intimidad por considerarla un tabú. Inmediatamente se canalizaron las inquietudes de una generación y los ritmos musicales fueron un poderoso comunicador de ideas y percepciones de la realidad, los temas afines eran la rebeldía y la sexualidad, lo que nos lleva a considerar a este estilo musical como otro elemento que permitió emerger la homosexualidad.
El panorama para esta comunidad fue mejorando, en 1973 la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos eliminó a la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas otorgando mayores posibilidades de asentimiento social. Empero, los gobiernos presidenciales del Perú en aquel periodo (Juan Velasco Alvarado y Francisco Morales Bermúdez) con su carácter militar, frenaron la libre expresión homosexual postergando su pública manifestación, a pesar de la situación que se vivía en el extranjero después de la muerte de Harvey Bernard Milk, el primer político homosexual en llegar a ocupar un cargo público en Estados Unidos que fue asesinado el 27 de noviembre de 1978, y cuyo hecho acrecentó las marchas homosexuales en USA reclamando justicia para la víctima, derechos e igualdad.
Este vaivén de posibilidades se prolongó tanto como las dificultades. En los años ’80 se produjeron dos grandes escenarios en el mundo: por una parte, se retiró a la homosexualidad del Manual de Clasificación de Enfermedades Mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por otra, se da a conocer oficialmente el SIDA como una enfermedad altamente contagiosa y relacionada a los homosexuales, bautizada por la prensa americana como la “Peste Gay”, provocó una tremenda homofobia y, a su vez, aplacó en cierta medida las marchas que pretendían legitimar dicha orientación sexual a través del acceso a cargos públicos de personas con tal inclinación.
Así, la homofobia es parte del proceso histórico de la homosexualidad, por lo que siendo herederos de una mentalidad donde existen marcadas diferencias entre el varón y la mujer en cuanto a sus roles sexuales, era lógico rechazar y generar hostilidad a lo que en una misma condición orgánica (masculino o femenino) resulta opuesto psicológicamente y –con el discurso del miedo a través VIH– altamente peligroso. En el Perú, el primer caso de SIDA fue diagnosticado en 1983 por Raúl Petroco, y los médicos concluyeron que esta enfermedad se produjo en el país debido a varones homosexuales que vivían en el extranjero. Otros casos nativos se registraron posteriormente en gays que residían en la ciudad de Lima. Lo que restaba aprobación frente a dicha comunidad que ya desde 1978 se identificaba con la bandera del arcoíris que inspiró los festivales y marchas del orgullo en todo el mundo.
Pocos años después, la Carta Pastoral de 1986 aprobada por el papa Juan Pablo II en Roma, donde se cuestiona la actividad homosexual independientemente de las acciones generosas de sus protagonistas, terminó por reducir las intenciones de un movimiento homosexual en el país pese al gobierno democrático de Fernando Belaúnde Terry. A esto se apilaron los homicidios perpetrados por Sendero Luminoso desde 1986 y la política del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) que afecto a los homosexuales. Hay quienes manifiestan que el 6 de agosto de 1986 asesinaron a diez homosexuales en Aucayacu y el 12 de septiembre de 1988 ametrallaron a ocho en Pucallpa, otras víctimas fueron prostitutas y drogadictos.
Las torturas de los terroristas a mujeres y homosexuales se puede referenciar con el testimonio No. 456739 de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, donde una declarante –secuestrada por PCP-SL– en 1991 narró lo siguiente: “Ahí veía cómo los senderistas les cortaban los senos y les metían cuchillo por la vagina a las mujeres que supuestamente habían sido infieles a sus maridos. A los homosexuales les cortaban el pene en pedazos antes de matarlos. Ahí me pidieron que acuchille a dos chicas y a un señor, yo no pude hacerlo porque me desmayaba”. Naturalmente, un dietario de odio, persecución, humillación, violación de derechos y aversión contra los homosexuales en diferentes frentes, originó conmoción en aquellos sectores impulsando la voz de protesta que hoy escuchamos en las plazas a nivel nacional, dirigiendo en las últimas décadas aquel forzado silencio al clamor en las calles. 
La población en general se encontraba sujeta a estas visiones compartidas en el mundo, por lo tanto, la homosexualidad no solo producía indignación también era denigrada. La indignación la podemos observar a partir de las reflexiones del historiador Pablo Macera cuando afirma que “los peruanos hemos aprendido a reemplazar la indignación por la risa”, y entre los temas que codificamos escarnecedoramente destacan “los cholos, la homosexualidad y, fuente inagotables del humor peruano de los últimos años: la política o, para ser más precisos, los políticos” (Vargas, 2001); y, la denigración, a través del famoso “Plan Verde” de 1993 que marcó la dictadura de Alberto Fujimori.
Precisamente, aquel documento –estudiado por el periodista Carlos Gamero Esparza– pretendía una política de exterminio, no en vano se produjeron las esterilizaciones forzadas; como Gamero indica en su artículo: “Por allí se decía que el mandatario de turno pretendía acabar con las razas autóctonas… no faltaban, por cierto, otras modalidades de exterminio (de gente indeseable) donde las víctimas eran también consideradas como excedentes poblacionales nocivos (prostitutas, enfermos de SIDA, enfermos mentales, homosexuales, drogadictos, delincuentes comunes, narcotraficantes, indigentes, terroristas, gente presa por diversos motivos, ancianos de asilos, etc.)” (2008: 9). Aproximándonos a un entorno de miedo, odio y remordimiento.
A pesar de que en 1982, el político y economista peruano Oscar Ugarteche fundó el Movimiento Homosexual de Lima (MHOL), la primera marcha masiva del Orgullo LGTB (Lésbico, Gay, Transexual y Bisexual) se realizó en el año 2002 demandando la legalización de la igual de los derechos en amplio sentido. Ciertamente, hubo otras manifestaciones pequeñas a mediados de la década del ’90, sin embargo se caracterizaban por el temor y la timidez. No obstante, aquellos plantones realizados en la Plaza Francia y el Parque Kenedy de Miraflores en Lima, pronto se volvieron en movimientos periódicos a nivel nacional.
Iniciando el nuevo siglo, surgieron varias organizaciones como el Frente por el Derecho de ser Diferente (FREDIF) o la Red Peruana LGTB, que se sumaron a la lucha bajo el lema orientador de la primera marcha “Por una Constitución que nos incluya”. Evidentemente, estas manifestaciones han evolucionado al igual que su impacto, pero los objetivos parecen estar dispersos, la lucha de algunos es por su desenvolvimiento sin discriminación, mientras la discusión actual se centra en la “Unión Civil”, es decir el matrimonio homosexual.
Estas aproximaciones que se circunscriben en el marco teórico de la diversidad sexual, nos han permitido identificar los siguientes momentos históricos en la lucha de los homosexuales: primero, visibilizar su opción sexual, luego, lograr la tolerancia en la sociedad a fin de buscar la igualdad de oportunidades y, por último, el enlace matrimonial y la adopción de hijos. En conclusión, la lucha radica en establecer derechos a un sector que se siente agredido, vilipendiado, quebrado en el ejercicio de su ciudadanía, es decir, sienten que se les niega sus derechos civiles como personas.

BIBLIOGRAFÍA
ALCÁNTARA, Natali. Sintomatología depresiva y adhesión al tratamiento en pacientes con VIH. Tesis para optar el grado de Licenciada en Psicología. Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2008.
ARCHIVO REGIONAL DE AREQUIPA (ARA). Causas Criminales. Leg. No. 012-1903.
DE VALENCIA DUQUE, Catalina. ¿Tiene la homosexualidad un origen genético?. S. e. S. l. S. f.
DIARIO NOTICIAS. Escandaloso baile de pervertidos: Lima. Arequipa, 3 de febrero de 1959.
GAMERO ESPARZA, Carlos. Fujimori. La lucha por la defensa de los derechos humanos en la historia reciente del Perú. Vivat Academia. Nº 98. Septiembre. 2008.
MERCADO MONDRAGÓN, Jorge. Intolerancia a la diversidad sexual y crímenes por homofobia. Un análisis sociológico. En: Revista Sociológica, Año 24, Número 69, enero-abril de 2009. Universidad Autónoma Metropolitana. México.
PÉREZ, David. La homosexualidad en la canción española. En: Ogigia. Revista electrónica de estudios hispánicos, Número 6. España, 2009.
Secretaría Nacional de la Juventud (SENAJU). Por una Sociedad Joven Inclusiva: compilación de trabajos sobre jóvenes Trans, Lesbianas, Gays y Bisexuales. Ministerio de Educación. Lima, 2012.
TURPO CCACCASACA, Miguel Ángel. Influencia de la música metal en el comportamiento juvenil arequipeño 1990-2000. En: Benavente, César (Editor). El nuevo rostro de Arequipa. Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Facultad de Ciencias Histórico Sociales. Arequipa, 2006.
VARGAS GUTIÉRREZ, José Luis. Los cómicos ambulantes en el Perú. Conferencia pronunciada el 21 se septiembre de 2001 en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Arequipa.

LAS ACEQUIAS EN AREQUIPA Y EL OFICIO DE ALMOTACÉN

LAS ACEQUIAS EN AREQUIPA Y EL OFICIO DE ALMOTACÉN

Por: Hélard André Fuentes Pastor
En: Diario “El Pueblo”. Arequipa, 03 de octubre de 2014.

Las comunidades prehispánicas en Arequipa fueron legítimas poseedoras de las chacras y tierras de cultivo, que para su producción requirieron de una fuente natural de vida: el agua, la cual fue conducida a las tierras mediante los acueductos y/o acequias. Después que los españoles se asentaron en este valle, utilizaron los canales encontrados y construyeron otros.
Si bien las acequias constituyeron un significativo avance en las culturas precolombinas –basta recordar la construcción de enormes canales de irrigación en Mochica– su mejoramiento y habilitación, formó parte de los  grandes afanes de orden hispano, como también lo fueron: las calles, plazas, edificios, bocatomas, huertas, etc. Las acequias entonces, son obras de inspiración nativa pero de perfeccionamiento colonial, y fueron importantes porque conducían las aguas procedentes del río Chili a los solares y huertas de la ciudad.
Ya desde 1540, se da a conocer documentalmente la existencia de acequias en el valle de Arequipa; también se tiene referencia de dos tomas importantes para las antiguas etnias de la zona que, posteriormente, fueron denominadas: “Antiquilla” y “Acequia Alta”. No obstante, recién el poblador occidental, tendrá conciencia de su regulación y mantenimiento. Es así que en una reunión de cabildo ordinario de 1546, se prohíbe que el ganado ovejuno duerma en la ciudad “por cavsa [causa] del mucho polvo que levanta al tienpo que entra e porque comen e roen los árboles e destruyen los caminos e acequias”.
Siendo conscientes de la sanidad, los canales requerían de limpieza constante, a este trabajo se conocía como “aderezar la acequia”, y su importancia era tal, que el cabildo ordenaba su saneamiento bajo pena de multa. Para 1550, el ayuntamiento toma la decisión de nombrar a un almotacén, que era la persona encargada los canales y de dar aviso si alguien los derribaba, también verificaba que los pobladores no echen basura ni inmundicias en las calles. Uno de los primeros que ejerció este oficio –según nombramiento del 1 de agosto de 1550– fue Diego de Padilla.
Este oficio era desempeñado por personas de baja condición social, normalmente se trataba de personas pobres y mulatos, por ejemplo, para fines del año de 1550 se nombra al mulato Cristóbal de Cárdenas; de igual manera, en 1552, a Juan Cobo, para que se ocupe de las acequias de la ciudad y del aseso de puentes, calles, además debía tener cuidado que los caminos reales tuvieran un ancho de cinquenta pies, “conforme a la hordenanca [ordenanza] y las personas que se ovieren metido con sus chacarras en los caminos, derribe las paredes, e que los caminos bayan de la anchura y que las personas que ovieren [hubieren] ocupado los exidos [ejidos] e rondas de esta cibdad con edeficio [edificio] o chacarra o semillas lo arranque e quite, so pena de perdimiento del salario que le fuere señalado”; y en 1555 a Andrés de Robles, quien además de cumplir la tarea de mantener las acequias aderezadas, se debía preocupar que cada acueducto mantenga la profundidad del caso para evitar el desborde del agua. Asimismo, fueron los repartidores de líquido vivificante, y, medidores de chacras y solares.
Hasta 1550, muchas de las acequias estaban hechas de tierra y piedra, por lo que sufrían graves daños ocasionando la disminución de la cantidad de agua que circulaba por ellas; el oficio de almotacén, ante esta problemática, era imprescindible. Por otra parte, cuando se conmemoraba alguna fecha especial para la iglesia como el Corpus Cristi, se proveía su aseo mediante una ordenanza de cabildo bajo pena de diez pesos por su incumpliendo.
Los pobladores, estaban obligados a realizar la limpieza respectiva de sus canales y de no cumplir con esta ordenanza, eran sancionados con el pago de una multa. Por citar un caso, en la reunión de cabildo del 24 de octubre de 1550, se indicó que: “Asymismo, sus mercedes mandaron que los señores de molinos los aderecen para que puedan moler bien e linpien las pertenencias de sus acequias [entre renglones: e tengas pesos], so pena de cinquenta pesos de oro al que lo contrario hiziere, para la Cámara e obras de Cabildo, dentro de seys días e que a su costa se aderecarán [aderezarán]”.
Cinco años después, el Licenciado Pedro de la Gasca, mediante una ordenanza, señaló: “Sobre que las acequias estén bien limpias y bien acondicionadas.- Que los que tienen chacras, en las sangraderas, por donde reciben el agua, tengan un marco de piedra, con un agujero, por donde entre el agua para el riego de su heredad.- obre que tengan limpia la acequia en su pertenencia.- Que en la ciudad para sus casas y riego de huertas tengan los mismos marcos que quedan dichos.- Que en las casas por donde pasan las acequias no echen inmundicias en ellas.- Que todos los dueños de heredades que se aprovechan del agua, estén obligados a reparar y limpiar las acequias.- Que por el Cabildo Justicia y Regimiento se nombre una persona práctica de ciencia y conciencia, para que informado de todo haga la repartición del agua”.
Aquí no solo podemos estimar la valoración que tiene el líquido recurso para los citadinos, sino, la importancia de regular y/o racionalizar la cantidad de agua que recibe cada vecino de la ciudad mediante un marco de piedra con agujero. En la tecnología de la época, estos marcos eran los medidores, y hubo una persona encargada de dicha repartición. Respecto al acondicionamiento, se referían al empedrado de las acequias y su recubrimiento con gruesas maderas.
También hay referencia sobre los desagües, por ejemplo, en setiembre de 1555 se ordena que Francisco Madueño construya dentro de un mes, el desagüe de la acequia de su molino, bajo pena de cien pesos. A propósito de este personaje, en mayo de 1560, es nombrado como Alguacil Mayor, teniendo como una de sus funciones, verificar que se coloquen los marcos en las acequias. La pena por retirar este implemento era de cincuenta pesos de plata, igual cantidad que se asignaba como salario a las personas que cuidaban estos canales. Durante los primeros meses de 1599 –respecto a esta ingeniería– encontramos otras ordenanzas de mayor proyección, se acordó el ensanchamiento de las acequias de Santa Marta y San Francisco.
Puede ponderarse la importancia histórica de estos canales con sólo recordar que la “Pontezuela” (esquina formada por el ángulo Este de la Plaza de Armas y la intersección de las calles de los Mercaderes y San Francisco), debe su nombre a un puentecillo que se construyó para cruzar por ese punto la acequia troncal denominada de “San Juan de Dios”, que regaba las huertas de los solares y las tierras de La Palma, Añaypata, etc. Según el historiador Helard Fuentes Rueda, este lugar no siempre tuvo dicha denominación, también se conocía como la “Alcantarilla”, que significa dique, acueducto o facto; esta sería la primera obra de canalización de la acequia en base al sillar para evitar los desbordes y aniegos que causaba el agua, durante la crecida y entrada del río. Finalmente, a la obra de canalización de la acequia se le denomina alcantarillado, y era fundamental para los nuevos citadinos mantener las condiciones de calidad en ellas, por lo que cumplió un rol fundamental el almotacén.

FUENTE PRIMARIA:
Archivo Municipal de Arequipa (Libro de Actas de Cabildo).DIARIO EL PUEBLO

LA MÚSICA CRIOLLA Y EL “FANTASMA” DEL HALLOWEEN

LA MÚSICA CRIOLLA Y EL “FANTASMA” DEL HALLOWEEN

Por: Hélard André Fuentes Pastor
En: Semanario Énfasis. Arequipa, noviembre de 2015.

Cuando era pequeño y no comprendía los comportamientos festivos de las tradiciones ni las interrelaciones que se generaban en torno a ello, era partícipe de una tradición universal que dieron en llamar “Halloween” y la cual, aparentemente, superponía su simbología sobre una celebración nacional que revaloraba un género musical y cuya voz se encumbra con las interpretaciones de Eva Ayllón.
Hace aproximadamente setenta años, el presidente Manuel Prado Ugarteche mediante una resolución suprema estableció que cada 31 de octubre se celebre el “Día de la canción criolla”. El promotor de esta iniciativa, José Manuel Carrera del Corral, quien presidía el Centro Musical “Carlos A. Saco”, pretendía homenajear a los compositores de la música popular, lo que devino con los años y la presencia de una tradición universal como es el Halloween, en una lucha por lograr notabilidad y precio.
Por el contrario, nosotros consideramos que el quiebre de esta tradición peruana no se debe únicamente a un cruce de fechas, sino a la falta de actualización en el repertorio musical, a los limitados recursos festivos, a la escasa promoción cultural en nuestro país y el ostentar una celebración propiamente limeña o de folklore capitalino como algo nacional cuando precisamente en las diferentes regiones del país tenemos otros géneros que llevan a reflexionar sobre un conflicto: ¿Y en éste 31, dónde están los valses loretanos, los temas huancavelicanos, los ritmos puneños, la música arequipeña, las melodías cuzqueñas, etcétera?
Celebrar el “Día de la música peruana” vendría a ser el evento reivindicativo del siglo XXI, donde reconozcamos nuestra diversidad cultural y otorguemos la posibilidad de alimentar esta tradición, logrando dinamismo, movimiento y continuidad, aspectos que requiere una tradición. Lamentablemente, aquella sectorización donde solo se toca el cajón y se canta la música criolla, vuelve al festejo en algo plano.
Tanto José Manuel Carrera y Manuel Prado dirigieron su mirada a Lima y proyectaron la actividad en todo el país. Por ello, el 31 de octubre de 1944, se izaron las banderas del Perú en los diferentes centros musicales capitalinos, se organizaron romerías en el Cementerio General para recordar a los precursores de dicho género musical y la población acudió a la plaza para ser testigo de un acontecimiento musical de gran euforia. Las ideas se reprodujeron rápidamente y, como se trata de lo nuestro, alcanzó a los colegios a nivel nacional, festejando con imitaciones, bailes, cantos o tocando sus instrumentos musicales.
Quizá, de modo inocente, el nombre de una tradición que pudo tener mayor arribo en las regiones y comenzó a establecerse en la mentalidad de los peruanos, terminó disgregando los géneros musicales, cosa que puede constituirse como su mayor riesgo (en la medida que no admite mayores comportamientos festivos) y como su mayor logro (nacionalizó un género musical en todo el país).
El “Halloween”, de expresión inglesa y que conduce a la “víspera de todos los santos”, fue una cuestión agregada. La universalidad le otorgó fuerza a esta tradición, además de sus raíces milenarias que nos llevan a los celtas en la festividad Samhain o a los romanos, generando un proceso y, en el transcurrir el tiempo, cambios y permanencias en el festejo que llegó a América en el siglo XVIII con los irlandeses. En los próximos dos siglos, éstas ideas irradian por todo el continente y confluyen con las creencias autóctonas y las de herencia colonial.
La tradición se enriquece por ejemplo: con la narración de historias misteriosas (en nuestro país es posible por el misticismo que envolvía a los pueblos prehispánicos y cuyas historias atesoramos en los cuentos del ande); con la elaboración de trajes (cuyo contenido artístico nos remite a la celebración de carnaval donde se organizaban concursos de disfraces); con los bailes tradicionales, los juegos o el “dulce o truco” y las calabazas en el recorrido por las calles. Resulta impresionante como varias aristas se encuentran en un mismo punto, consiguiendo que Halloween sea una fiesta con aura propia.
En Perú existen numerosas costumbres y tradiciones de raíz europea que en su momento fueron muy cuestionadas, fundamentalmente, el carnaval. Bajo éste enfoque no tendríamos por qué vilipendiar, apocar, acusar de alienada a una tradición que tiene arraigo en América Latina y que, independientemente del marketing exagerado y la comercialización desenfrenada propias de cualquier celebración, proyecta un perfil particular, y es que en ningún otro lugar del mundo, alguien saldría disfrazado de Avencia Meza o de “Zambo” Cavero.
Otro aspecto importante para comprender las manifestaciones de ambas celebraciones es lo generacional. Naturalmente, Halloween es una fecha de celebración infantil y juvenil que implica un recorrido y, el Día de la música criolla, festejado principalmente por algunos jóvenes y adultos, tiende a ser más estático, sugiere un escenario, bien puede ser una plaza, un parque, un local o, incluso, íntimo y familiar como resulta el hogar.



martes, 10 de noviembre de 2015

INDIO: UN ORIGEN QUE POCOS ACEPTAN

INDIO: UN ORIGEN QUE POCOS ACEPTAN
Lic. Hélard André Fuentes Pastor
Diario El Pueblo. Arequipa, 30 de mayo de 2015. P. 10.
Debemos reconocer nuestra pluralidad sin olvidar que somos un país andino.
En la historia peruana existen palabras y expresiones que encierran connotaciones racistas, peyorativas y bélicas, esto sucede con el término: “Indio”, el cual guarda profundo sentido histórico, pero a su vez, resulta ser portador de ideologías y prejuicios xenófobos que inconscientemente coexisten en el pensamiento colectivo.
A lo largo del siglo XX, ante las expresiones discriminativas (que tienen base en la teoría de la pureza), surgieron respuestas que buscaban amortiguar aquella situación, por ejemplo: “quien no tiene de inga, tiene de mandinga” o “en el Perú todos somos mestizos”, lo último –según afirma la investigadora Ariana Arista Zerga– “como un discurso hegemónico para sustentar nuestra herencia ancestral y colonial”. Sin embargo, no hubo preocupación por redefinir el significado del vocablo “indio” como constructor de nuestra identidad, más bien, buscamos reemplazarlo.
Ciertamente, ante el desenvolvimiento de las grandes urbes, metrópolis o ciudades, encontramos que es más llevadero reconocernos como “mestizos” que ser, sentirnos y considerarnos “indígenas” o “indios”, pues ambos términos (sobre todo el segundo) son observados peyorativamente; por un lado, porque nos remite al grupo explotado y maltratado, y en la actualidad, al sector olvidado. Aquel vínculo negativo se debe fundamentalmente al enfoque desde el cual los investigadores interpretaron dicha locución determinando serias analogías entre lo “indio” y lo “bruto”, “salvaje”, “haragán”, “sucio”, “ignorante” y “escoria”, sin atender a otras perspectivas que valoren al “indio” en torno a la identidad peruana.
Una prueba incuestionable de aquella fijación negativa respecto al término resulta ser el “Día del Campesino”. ¿Cómo así? Un 24 de junio de 1930 –cuando era Presidente de la República el señor Augusto B. Leguía– se estableció dicha fecha como el “Día del Indio”. Años después, en 1969, durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, al promulgarse la Ley de la Reforma Agraria, con buena voluntad, se procedió a cambiar la denominación de “indio” por “campesino”, ya que el primero era despectivo, y se reconoció el quechua como idioma oficial. Evidentemente, este afán de reivindicación étnica, terminaba por debilitar la revaloración de lo “indígena” e “indio” al reconocer la estigmatización negativa por sobre lo auténtico y categóricamente positivo; sino observemos como la palabra “campesino” se aproxima a lo considerado “mestizo”, “un término medio entre el indio explotado en el trabajo de la tierra, y el indio que ha pasado a ser dueño de su propia tierra, pero que, al convertirse en su propio amo, ya no es un indio, sino un campesino” (según las afirmaciones de Arista Zerga).
Algunas meditaciones también nos llevan a afirmar que el problema radica en la ausencia de movimientos de reivindicación étnica, más aún, de una “élite indígena”; no falta quienes sostienen que la presión ejercida por el mestizaje nos aleja de nuestra verdadera condición andina, por lo tanto, indígena; o que en el discurso clasista de la izquierda peruana surgen enormes brechas que en vez de unificarnos consiguen distanciarnos irremediablemente. En la dimensión globalizada en que vivimos, ésta problemática nos conduce a un solo destino: “la ‘desetnización’ como estrategia de ascenso social” (Anahí Durand); y es que nos preocupa toda adjetivación que nos haga sentir excluidos, y en el Perú, la atención se concentra en el tema étnico-racial. En consecuencia, es válido revisar una vez más la construcción histórica del término “indio” desde otra visión.
Las consecuencias del error geográfico de Cristóbal Colón en su travesía de descubrimiento en 1492, condujo a la equívoca denominación de “indio”. El territorio americano fue conocido por los españoles y europeos como las “Indias” por sobre otra terminología, quizá se debe a que después de su primer viaje, Colón comunicó al colaborador de los Reyes Católicos, Luis de Santángel, que había llegado a las Indias y esta noticia se difundió inmediatamente en toda España y Europa. La proyección del recordado navegante de origen genovés, era llegar a las costas de Asia; sin embargo, los cálculos y tratados geográficos, terminaron por facilitar inesperadamente su llegada a un nuevo continente. Pese a que los sucesivos viajes demostraban que no se trataba del continente asiático, Colón se mantuvo férreo en considerar que había llegado a las Indias; y la mentalidad europea también conservó esta locución.
A inicios del siglo XVI, el navegante italiano Américo Vespucio exploró el territorio descubierto por Colón y afirmó que se trataba de un “Nuevo Mundo”. No obstante a la rápida divulgación de ésta noción y a la publicación del cosmógrafo Martin Waldseemüller (Cosmographiae introductio, 1507) donde se nombraba al nuevo continente como “América”; en los imaginarios colectivos se arraigó la idea de “Las Indias” y los pobladores “indios”. Así, el término “América” se utilizó de forma limitada durante el siglo XVI, por ello es que en los documentos nacionales y locales de época colonial, encontramos la expresión “yndio” sin ánimo peyorativo, simplemente, acorde al gentilicio que supone “las Yndias”, no en vano hubo un Consejo de Indias o se refiere a una Casa de Contratación de las Indias.
Hasta el siglo XVII, los cronistas españoles emplearon el término “indio” para referirse a los pobladores nativos del Perú pese a que cobraba cierta habitualidad la palabra “América”. También es posible que a mediados de dicha centuria, comenzara a utilizarse conscientemente el vocablo “indio” para excluir a fin de mantener la condición subordinada y oprimida de aquella población, situación que toma fuerza en el siglo XVIII, pues recordemos que en éste período surgieron de modo contundente las rebeliones indígenas contra la corona española.
Lamentablemente, la construcción del conocimiento del siglo XIX y XX, se encargó de encontrar y destacar las anexiones poco valorativas del término (quizá por aquel pesimismo intelectual del que da cuenta la historiadora Cecilia Méndez), provocando un profundo rechazo social en la naciente sociedad republicana y consecuentemente un auto-rechazo en el poblador de raíces indígenas que se recrea hasta la actualidad. En tal sentido, “inca” e “indio” resultan ser un solo cuerpo y espíritu que determina lo “andino” por ser histórica y geográficamente correcto, y se denomina como “campesino” para volverse aceptable en ésta sociedad fuertemente discriminativa.
Creemos que el ser indio debe significar únicamente ser natural de las Indias Occidentales de América, sin humillaciones ni desprecio alguno. Tenemos que reconstruir el sentido de la palabra “indio” sin tener que buscar otras voces o locuciones huidizas. El ser indio, no es reminiscencia histórica de humillación, por el contrario, debe visualizar al hombre inteligente, capaz, veraz, virtuoso y resuelto del Antiguo Perú. Alejemos las taras asignadas injustamente a nuestra población que han definido como sinónimo de indio: lo salvaje, abyecto, mentiroso, borracho y ladrón.
Somos peruanos, indios en la mentalidad colectiva, y admitiendo la confluencia entre lo indígena y europeo, sostenemos una identidad nacional indomestiza, que a más de buscar homogeneidad entre ambas expresiones y sus componentes; los reconozca teniendo como tutelar lo indígena y andino, porque hay una historia que lo sustenta y una geografía que lo demuestra.

Publicado con el título: “Indio: un origen que pocos aceptan”. En: Diario “El Pueblo”. Arequipa, 30 de mayo de 2015. P. 10.

lunes, 9 de noviembre de 2015

GABY ARCE MUÑOZ: SEMBRANDO EN LOS NIÑOS LA SEMILLA DE LA PALABRA

GABY ARCE MUÑOZ: SEMBRANDO EN LOS NIÑOS LA SEMILLA DE LA PALABRA

POR: HÉLARD ANDRÉ FUENTES PASTOR

Uno de los ejes temáticos escasamente analizados en el proceso literario de la localidad, es la poesía y narrativa infantil, que se encuentra encarnada en la prosa de escritores independientes como Miguel Ángel Delgado Luján o en los versos de Carlos Maldonado Ramírez y Carmela Núñez Ureta. Precisamente, en esta breve reseña, nos ocuparemos de la vida y obra de la escritora y poeta Gaby Arce Muñoz, cuya producción no solo responde a la literatura femenina, sino a la literatura infantil y juvenil en la localidad.
I
Mi verso es un gemido de amaranto /dintel a la puerta de la aurora /dosel de sueños y campanas /tintineo de cencerro y cascabeles. (Gemido de amaranto).
Yulemí Gaby Arce Muñoz, cosechó a través de sus versos una grata sensibilidad, canalizó los afectos maternales, el sentimiento familiar, que siempre propician un ambiente hogareño. Seguramente, la poeta sentía grata admiración por la planta sagrada de los incas. Un amaranto de sueños y esperanza, cuya esencia aún se conserva en las tumbas precolombinas que prueban su temprana domesticación. Dichos granos con sus propiedades curativas, vigorizantes, afrodisiacas y esotéricas, inspiraron estos versos de grata recordación.
Se trata de una construcción literaria que revela espacios de protagonismo que nos reencuentra con la cultura andina de tradición milenaria. Es el grito entusiasta de una mujer que supo conquistar con la palabra y contagiar su amor por las regiones de nuestra patria, no en vano es autora de un poema titulado “Ayacucho” y muchos otros que evocan el paisaje peruano.
II
¿Hasta cuándo... /perdemos los sueños? /¡Los infantes nacen sin mañana! /¿Hasta cuándo?... (Hasta cuándo)
Su preocupación por la niñez plasmada en su poética, la llevó a presidir la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil, donde realizó una magnífica labor estimulando el desarrollo literario de esta temática en el Perú. El año pasado, fue homenajeada por la Escuela Regional de Arte Dante Nava y la Institución Educativa Los Delfines a través de un recital de poesía infantil que tuvo lugar en el Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa, donde niños, jóvenes y docentes de las instituciones educativas locales declamaron sus poemas, interpretaron sus dramatizaciones y canciones.
La distinguida maestra nació en Juliaca (Puno) en 1936, pero elevó su canto a la vida y la niñez en la Ciudad Blanca de Arequipa desde su adolescencia, y batiendo los estruendos, llegó a una ‘primavera’ que se siente solitaria y abandonada. Entre sus títulos para niños podemos destacar: <<Capullito de versos>> (1996), <<Burbujitas>> (1997), <<Trinos>> (2006), ocho trípticos <<Gotitas de cristal>> y <<Protesta de Cuculí>> (2009), los dos últimos corresponden a la poesía ecológica, y es autora de otros libros de poesía: <<Canto a Huancané>> (1995), <<Voces del silencio>> (1998), <<Filigrana>> (2000), etcétera.
III
Yo tengo en mi casa /Mi gato, mi perro /Un gallo que canta /Y un loro faldero. (Mis Mascotas)
 <<¡Yo los quiero mucho!>> dice la poeta, que además de componer versos fue actriz y directora de teatro. Gaby Arce, creció en un ambiente artístico desarrollando cualidades poéticas y escénicas que impulsaron sus padres y maestros. Además, su compromiso con la docencia inspiró guiones teatrales que le permitieron ganar algunos premios como el de Teatro Escolar en la puesta de la obra “Micaela Bastidas” de Sara Yofré. Asimismo, fundó la Asociación de Teatro Talía en Arequipa, aporte fundamental en esta tierra, cuna de grandes artistas.
IV
Vuelves del más allá /a mis días gastados /vuelves crecida en luz /en mis recuerdos... (Madre)
Gaby ha dedicado innumerables versos al amor maternal en afinidad con la dimensión celestial, apreciamos la pureza que resplandece al albor de la vida y la luminosidad nos ciega eternamente. La poeta fue una extraordinaria promotora cultural. Licenciada en Ciencias Histórico Sociales y en Educación por el Arte. Ha sido coordinadora del Movimiento literario de la Mujer en el país y el extranjero.
También fundó el Movimiento Sur Peruano de Escritoras, la Asociación Sur Peruano de Escritores y Artistas (ASEA). Fue presidenta del Centro de Escritoras Arequipa (CEA) en dos oportunidades, la primera entre 1999 y 2001 y, la segunda, entre 2001 y 2003. Y, socia de la Asociación Femenina de Profesionales, del Club del Libro Regional, del Servicio a la Comunidad Femenina (SERCOFE), coordinadora en Perú del Movimiento Internacional “AMA” y de Escritores Cordobeses Asociados (ECA - Argentina).
V
Estas presente en mí ¡Mamá! /Vives en mi aliento /Eres mi alegría y mi tristeza. /Viajamos juntas en el tiempo. (Tiempo)
Participó activamente en los círculos intelectuales a nivel local y nacional, promoviendo la difusión del conocimiento y demostrando su amor por las letras. Por todo ello, está considerada en numerosas antologías poéticas como: <<Peruanas del Siglo XX>>, <<Poesía Infantil y Juvenil Peruana del Siglo XX>> de Jesús Cabel, <<Tierna Guerra>>, donde según el crítico literario Tito Cáceres Cuadros, <<exhibe muestras de poesía infantil>>.
La escritora peruana ocupó el segundo lugar en el concurso de poesía infantil convocado por APLIJ-A en 1987. Fue distinguida con la Medalla y Diploma de la Cultura de la Municipalidad Provincial de Arequipa en mérito a su labor docente y artística en 1998, Medalla y Diploma de Honor de la Municipalidad de San Román (Puno) en 1999, Medalla de Oro y Diploma de Honor de la Biblioteca Nacional del Perú en 2000, Medalla y Diploma de Honor de la UNSA en 2003. El VII Encuentro del Movimiento Sur Peruano de Escritoras (MOSPE) realizado en Puno en 2007 se organizó en su honor. Y ha sido reconocida en el extranjero. El Círculo de Narradores “Paso de León” de Villa Dolores (Córdoba-Argentina) la homenajeó en el año 2010.
VI
Encanecí junto a ti ¡Madre! /Triste y pausada. /Entre vivencias y recuerdos /Soy como tus desvelos /Tengo el tamaño de tus ansias /La profundidad de tu pena. (Tiempo)
Querida Gaby, aquella tierna voz que hace poco susurraba con el viento acaba de apagarse. Sin embargo, tu poesía, tus versos matinales, continuarán alegrándonos cada amanecer, verde, colmado de jilgueros y de rebosante de sol. Siempre estarás presente porque fuiste una extraordinaria mujer, una genial poeta, gran profesional, buena amiga y verdadera maestra de la vida. Llevamos una palomita y ojos de cuculí en el corazón.

Arequipa, julio de 2015.

LOS AREQUIPEÑOS ILUSTRES OLVIDADOS EN EL CEMENTERIO GENERAL

LOS AREQUIPEÑOS ILUSTRES OLVIDADOS EN EL CEMENTERIO GENERAL
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Diario El Pueblo. Arequipa, 15 de agosto de 2015
Nicho de Francisco Mostajo Miranda
Cementerio General de la Apacheta
El centenario Cementerio General de la Apacheta alberga en su recinto a numerosas familias y personalidades que en algún momento de la historia compartieron sus experiencias e ideales, fueron protagonistas de muchos acontecimientos que hoy atesoramos y asimilamos a nuestra identidad, contribuyeron a la permanencia de una memoria colectiva y con su ardua labor en diferentes rubros de la sociedad, cimentaron las particularidades que definen la arequipeñidad.
En la Apacheta descansan los restos de personajes ilustres que actualmente son citados en diversos trabajos de investigación. Nos vanagloriamos hablando de ellos. Los homenajeamos realizando ceremonias y colocando arreglos florales al pie de sus monumentos. Designamos  a las calles, avenidas, parques y plazas con su nombre; sin embargo, al presente, las tumbas y nichos que acogen sus restos están en abandono.
La tarea de identificar y conservar el sepulcro de los ilustres en dicho panteón es sumamente difícil pero necesaria. En el año 2013, el Gobierno Regional y la Dirección Desconcertada del Ministerio de Cultura Arequipa, emprendieron una interesante labor en el Cementerio de la Apacheta, el ministerio identificó a ciertas personalidades y publicó un libro que consigna la breve biografía de cada uno de ellos, datos recogidos de la bibliografía local existente.
En aquella oportunidad se dio a conocer a los siguientes intérpretes de la historia local y nacional: don Jacinto Ibáñez, uno de los primeros fundadores del periodismo arequipeño; el prócer Mariano Melgar Valdivieso; el ex presidente del Perú, Pedro Diez Canseco; el científico Hipólito Sánchez Trujillo; el historiador Mariano Ambrosio Cateriano; el ex presidente del Perú, Eduardo López de Romaña; el arquitecto Juan Rodríguez; el escultor José Luis Villanueva; y el recordado el filósofo y escritor, Jorge Polar.
Revisando aquel centenar de páginas, figuran también: el industrial Manuel Muñoz Nájar; el poeta Edilberto Zegarra Ballón; el industrial  J. Miguel Forga Selinger; el historiador Santiago Martínez; la escritora norteamericana Harriet Monroe; el senador Mariano Lino Urquieta; la novelista María Nieves y Bustamante; el caudillo Francisco Mostajo; los fotógrafos Carlos y Miguel Vargas Zaconet; el poeta César Atahualpa Rodríguez Olcay; los pintores Víctor Martínez Málaga, Alejandro Núñez Ureta y Pablo Núñez; el músico Benigno Ballón Farfán; el industrial Pedro P. Díaz; los poetas Alberto Guillén, Alberto Hidalgo y Guillermo Mercado; el pintor Jorge Vinatea Reinoso; los maestros José Carlos Bernedo Málaga y Carlos Manchego; el empresario René Forga; el héroe Neptalí Valderrama; el ex alcalde de Arequipa, Ulrich Neisser; el músico José Dávalos Salazar y, finalmente, el conocido héroe civil del ’50, Arturo Villegas.
De esta relación, uno de los nichos más olvidados resulta ser del recordado escritor e historiador Mariano Ambrosio Cateriano. Pese a que el Ministerio de Cultura ha colocado una signatura denotando su importancia entre las demás sepulturas, la lápida –con el transitar de los años– ha perdido lustre, e incluso, de no ser por la placa del ministerio, estaría a punto de no identificarse. Éste año celebramos un centenario de su fallecimiento, sin embargo ninguna institución que viene conmemorando al personaje se ha preocupado por refaccionar las inscripciones de dicho mármol.
Asimismo, muchos ilustres aún no han sido ubicados en el cementerio, sobre todo los que descansan en nichos. Yacen en el olvido, ello se debe a la falta de conocimiento sobre la obra y existencia de los mismos por parte de la población mistiana. Pocos recuerdan, por ejemplo, al maquetista Guillermo Fernán Zegarra-Núñez; lo curioso es que apreciamos permanentemente los trabajos que se exponen en el Museo Histórico Municipal y son de su autoría. Los restos del eximio artista están en el camposanto de la Apacheta.
Del mismo modo, se encuentran en estado de abandono las tumbas de quienes fueron los padres del Obispo Mariano Holguín Maldonado; tanto el nicho de Manuel Holguín como de Juana Maldonado, presentan lamentables descuidos. Peor aún, el sitio del recordado director del Colegio de la Independencia Americana, Carlos D. Hilburg, podría sufrir el robo de la lápida por hallase fofa. Otras inscripciones que están a punto de desprenderse corresponden al monseñor Manuel N. Silva, Mariano Lino Urquieta, el memorable profesor de latín del Colegio de la Independencia José María Arana, el magistrado Manuel T. Marina, el canónigo Mariano E. de Alarcón, entre otros. Desgraciadamente, el destino que corren muchas oquedades no identificadas será la exhumación.
El cementerio emblema de Arequipa que viene revalorando la Sociedad de Beneficencia, también acoge en sus departamentos y pabellones a personalidades de otras provincias y regiones, tal es el caso del destacado literato e historiador puneño Vladimiro Bermejo Portugal, la periodista Luzmila Justo de Ochoa que dirigía la “Voz de Camaná”; el ilustre camanejo Jacinto Pastor Larrea (hijo de Samuel Pastor Caballero); Diego Rosel, quien fue Juez de Primera Instancia de Islay; el escritor de temas andino Víctor Enríquez “Mateo Jaika”, por mencionar algunos.
Cabe destacar que muchos se localizan cerca de sus familiares. Jorge Vinatea Reinoso advierte como vecinos a sus padres: José M. Vinatea y Elena Reinoso. Lo mismo ocurre con Arturo Villegas que tiene a sus hermanos Carlos y Frida en el mismo pabellón, y, en un departamento continúo, están sus papás: Alberto Villegas de la Cuba y Carmen Romero, con su otra hermana, Marta. El historiador Antero Peralta fue depositado continuo a su esposa María Úrsula Vizcarra. Mientras el monseñor Santiago Delgado Butrón está acompañado de sus padres: Santiago Delgado Valencia y Lindaura Butrón.
Ahora, no todos los difuntos gozan del descanso eterno cerca de su pareja o familiares cercanos, tal es el caso de los hermanos Vargas o de César Atahualpa Rodríguez Olcay que descansa a considerable distancia de su señora, doña Elena Vargas, ni siquiera está próximo a su hermana Ernestina Rodríguez. Hay personajes que son visitados constantemente como Jacobo Dickson Hunter, Luis Dunker Lavalle, Carlos A. García Ureta; otros, esperan dicha atención, entre ellos tenemos a Carlos bellido Gutherigde, a quien recordamos como héroe civil del ´50 que cayó herido en la Plaza de Armas, al magistrado Belisario Calle y el poeta-periodista Luis de la Jara.

Ha llegado el momento de que las autoridades y familiares se hagan cargo de proteger los sepulcros y nichos de quienes reconocemos como el pendón de la arequipeñidad y peruanidad. 

MENTIRAS Y VERDADES DE LA FUNDACIÓN DE AREQUIPA

MENTIRAS Y VERDADES DE LA FUNDACIÓN DE AREQUIPA
No fue Garcí, sino García el fundador de la ciudad

Por: Hélard A. Fuentes Pastor
Publicado en el diario “El Pueblo” (agosto de 2015) y semanario Énfasis No. 1 (agosto de 2015).

Dibujo de MAROVE
El 15 de agosto de cada año conmemoramos un aniversario más de la fundación de nuestra querida Ciudad Blanca. Arengamos a viva voz ¡soy arequipeño! Entonamos un Himno de Gloria compuesto por el músico-pianista Aurelio Díaz y escrito por Emilio Pardo del Valle. Recitamos los poemas de Guillermo Mercado, Alberto Hidalgo y César Atahualpa Rodríguez Olcay. Bailamos al son de los huayños y pampeñas inspiradas por Benigno Ballón Farfán. Recordamos el sacrificio de Mariano Melgar. Gritamos ¡Apujllai! y jugamos el carnaval. Sin embargo, cuánto conocemos de la historia inicial de Arequipa.
El pasado que nos narran en los colegios respecto a nuestra fundación, padece una tremenda fabulación que irremediablemente se ha ido arraigando hasta convertirse en una absurda y terca verdad. Hoy, sabemos que Arequipa merece una verdadera historia, entender la magnitud de sus procesos sociales y comprender la auténtica dimensión de su identidad. En tal sentido, uno de los temas que cobra gran relevancia en los primeros momentos de su vida colonial gira en torno a los personajes que influyeron en su fundación.
Han pasado más de cuatro siglos y aún muchos ciudadanos siguen creyendo que el fundador de Arequipa fue el Capitán Pedro Anzures de Campo Redondo, basándose en el error que cometió el destacado escritor y prócer peruano Hipólito Unanue cuando afirmó, en su “Guía política-eclesiástica y militar del virreinato del Perú años de 1793 y 1794”, que aquel personaje recibió la orden de Francisco Pizarro de fundar una villa al sur del país. Lo cierto es que, el Capitán Anzures, jamás estuvo en la localidad cuando se operó la fundación, está comprobado que se encontraba en el Collasuyo, es decir, en dirección al sur hacia Chile, y Arequipa, se ubicaba en el Cuntisuyo.
Pese a las aclaraciones del historiador Francisco Delgado Javier y Vargas en el siglo XIX, algunos intelectuales y escritores no dejaron de desenterrar la polémica resuelta hace aproximadamente 200 años. No obstante, podemos dejar en claro que quien recibió la orden de fundar esta ciudad fue el español nacido en Plasencia, García Manuel de Carvajal, hijo legítimo de Juan Manuel Villena y Elena de Carvajal; y, por otra parte, es necesario recalcar que participaron de aquel importante acto 89 españoles, quienes también vendrían a ser fundadores de Arequipa.
Asimismo, muchas investigaciones hablan del fundador, hasta una calle de IV Centenario lleva su nombre. Los intelectuales, periodistas y la población mistiana insisten en llamarlo: Garcí Manuel de Carbajal. No falta quienes trastocan el orden presisando: Manuel Garcí de Carbajal, Manuel y Garcí o Manuel de Garcí. Empero, se trató de <<García Manuel de Carvajal>>, argumento que está probado gracias al conocimiento paleográfico y las recientes investigaciones al respecto. Examinando su firma percibimos detalles curiosísimos, se puede apreciar que el nombre se encuentra abreviado como <<GRA>>, seguido de los apellidos <<Manuel de Carvajal>>, éste último con “v” y no la “b” larga que suele utilizarse comúnmente. Además, recordemos que el nombre <<García>> era muy común en aquella época.
Otro de los aspectos que deben aclararse, es que la fundación no se realizó en Caima ni en el Barrio de San Lázaro, sino en el sitio que corresponde actualmente a la Plaza de Armas (o la Plaza Mayor), de donde partió aquella traza urbana y se instalaron las primeras instituciones civiles y religiosas, de gran importancia para la época. Ésta y otras ficciones surgieron debido a la pérdida del Libro Primero de Actas de Cabildo donde se encontraba el documento de la fundación. Lamentablemente, solo contamos con una copia que halló el historiador Ladislao Cabrera, interfoliada entre las páginas 91 y 92 del Libro Segundo de Actas. Todavía se desconocen las razones de la desaparición del primer registro de cabildo de Arequipa.
La fundación de la ciudad –está demás decir “hispana” o “española” (esto daría pie a otras fundaciones y solo hubo una)– se celebró el domingo 15 de agosto de 1540, día de Nuestra Señora Santa María de Agosto, que por error de lectura paleográfica del prolijo historiador Víctor M. Barriga, la conocemos como la Virgen de la Asunción o de la Asunta, ya que lee y transcribe <<Asunta>> donde en realidad dice <<Nuestra Señora de Agosto>>.
Además, podemos indicar que el primer alcalde que tuvo la Ciudad Blanca o en realidad alcaldes, fueron: Juan Flores y Pedro Barroso. No como se sostuvo por mucho tiempo, iconizando la figura de Juan de la Torre. Lo mencionado está probado por una escritura de poder que otorga el cabildo y data del 11 de octubre de 1540, donde se considera que el cuerpo edil estuvo conformado por: García Manuel como Teniente de Gobernador y Capitán, los mencionados alcaldes, y, Luis de León, Gomes de León, Hernando de Torres, Francisco Montenegro, Andrés Ximénes y Hernando de Silva como regidores.
A partir de estas explicaciones festejamos el Día de Arequipa y recordamos a los primeros protagonistas de su historia; que estos 475 años motiven a nuestros ciudadanos arequipeños acontinuar trabajando y que las autoridades tomen conciencia que la Ciudad Revolucionaria merece la publicación de obras que rescaten su tradición histórica. Debe destinarse un presupuesto para la reedición de importantes títulos –que hoy yacen en el baúl de los recuerdos– y, de todos los historiadores e investigadores que nos ofrecen nuevos aportes. Felices Fiestas.