viernes, 6 de noviembre de 2015

LUZ Y OSCURIDAD EN LOS VERSOS DE GRACIA TERUYA

LUZ Y OSCURIDAD EN LOS VERSOS DE GRACIA TERUYA

Por: Hélard André Fuentes Pastor

El encuentro entre lo real –sus posibilidades– y lo –imaginario– sus anhelos, permite que la construcción poética adquiera un rasgo fundamental que busca dinamizar algunos recuerdos de la autora con lo que acontece
en la temprana afectividad, esto implica resonancias emotivas y suelen generar tremendos conflictos expresivos, dignos de poetizar. Las figuras literarias de Gracia Teruya gravitan en la etapa de la vida que monopoliza todos los sentidos y pueden corresponder a temas de gran vulnerabilidad del entorno social que nos tocó vivir.
Los poemas contienen imágenes que evocan a la sexualidad durante las etapas iniciales del desarrollo humano: niñez, adolescencia y juventud, donde el amor se presenta como un halo maravilloso que sencillamente nos abstrae de la realidad, y a su vez, en forma de recovecos calamitosos que terminan devastándonos por completo. Lo que en un respiro de nuestra vida resultaba indiferente, ridículo y hasta irrisorio, ahora captura la atención produciendo nuevas sensaciones: es el vaivén entre el amor y el desamor, sus estaciones idílicas con las dilataciones infernales.
A esta penúltima etapa sobrevienen grandes cambios que terminan modificando nuestra apariencia corporal y los esquemas psicológicos. En este marco teórico-conceptual se orienta la trama y drama propuesta por Gracia Teruya, sucediendo momentos marcados por el inocente pensamiento y, también, por las impresiones amorosas intensamente obnubiladas. Lo primero representado en los siguientes versos: “Con mis ocho años /y tus siete /nos largaremos de este planeta” (2015: 17). Y, lo segundo proyectado con estas líneas: “Y como todas las historias felices /se encontraron. /Y como era de esperarse /la destruyó” (2015: 15).
Precisamente, las primeras etapas de la vida están sujetas a la curiosidad y permanente exploración, donde el aprendizaje se da en base a la experiencia y nos iniciamos en el reconocimiento de la propia identidad. Posteriormente, las prácticas sociales que involucra a todos los factores de nuestra naturaleza, será quien oriente la manera de observar el mundo, dándonos a conocer que la apariencia física no era la única cualidad para enamorarnos, pues un sentimiento como éste, abarca al individuo en su totalidad. La forma de pensar, sentir y actuar, será determinante en dicha situación.
La oscilación crepuscular que plantea la poeta, permite mostrar aquella visión que disocia al amor romántico de la atracción sexual en las parejas adolescentes. Así inferimos de la idealización de uno de los personajes: “Existe un niño inexistente /de ojos hipnóticos /y silencio demencial /cruelmente hermoso. /Estatua gótica de cristal” (2015: 11). Y es que los primeros amores suelen retratar nuestra impulsividad, recordándonos como la ligereza nos condujo al acabose de una semana o, quizá, unos meses.
En una época donde la globalización y modernización empuja a las primeras generaciones del siglo XXI a profundos cambios en las visiones de la vida y una sociabilización mucho más compleja que el simple juego con carritos o las recordadas ‘mariquitas’ que eran recortadas y vestidas con curiosas prendas de papel mediante una fina pestaña, afectos como el amor influyen en el desenvolvimientos del abanderado, pues inmediatamente pasan a ser el modelo ilustrado entre todos sus contemporáneos que resuelven el tener un amor como prioridad en la adolescencia y juventud.
“Nunca Jamás” es la trama de este poemario y, efectivamente, revela una característica del paso de la niñez a la pubertad, la imposibilidad de concebir un amorío con la persona que supuestamente reprobamos pero en realidad pretendemos. Comprobemos esta apreciación en la siguiente estrofa: “Extraña combinación /nadie sabe por qué /tienes la capacidad de trastornarme y traerme de vuelta de pensamientos dulcemente corrosivos de la frontera del Nunca Jamás” (2015: 17).
También se percibe un estado anímico donde a través de la relación física los varones realmente comienzan a enamorarse, mientras las mujeres ya lo hicieron antes de la relación. La autora evidencia estos instantes mediante los siguientes versos: “Extraño los paseos en las catatumbas fantasmas /y las inexistentes sesiones fotográficas en el cementerio…” (2015: 20). En un universo donde la adolescencia y la juventud son criticadas, cuestionadas y, de cierto modo, agredidas, presas de una severa incomprensión, se comparten códigos que identifican el imaginario de estos tiempos.
La autora resuelve con los siguientes versos: “Por que algún día aprenderás a tocar violoncelo /y las cuerdas serán nuestro alimento. /Porque el fecal mater será bombardeado /porque las pesadillas ya no existan /porque con nuestra rareza en los ojos /no necesitamos de nadie” (2015: 17). Aquí, el barítono es la inmediata representación de armonía, quizá aproximándonos a la comprensión que tanto se anhela, que tanto aspira esta juventud que se siente en penumbras, convive entre fantasmas y sufre el hecho de sentirse aislado.
Oswaldo Reinoso en su reciente publicación “Arequipa. Lámpara incandescente” (2014), sostiene que la niñez no es tan inocente, y a partir de sus reflexiones atesora momentos que sustentan aquella realidad ficcional y orienta a sus argumentos. La imagen de muchos versos está en función a este abordaje temático. Toda sinfonía de frases, nociones y símbolos, me permiten relacionar la poética de Gracia con la etapa de la niñez, adolescencia y juventud; la niñez con la finalidad de revelar sencillez y belleza; la adolescencia, mostrando confusión, pluralidad de ideas y obscuridad; y la juventud, orillada en alternativas, pero marcada por una decisión.
No obstante, en lo tétrico de muchas expresiones encontramos un segundo escenario y, por tanto, otro tópico que no dista a los quince abriles ni las veinte primaveras en nuestra vida. Bien podría corresponder a la concepción (producto de un afecto) y la sentida decisión de interrumpir aquel proceso de gestación (producto de una aversión).  En varias secuencias poéticas notamos reminiscencias de dicha naturaleza, como observo en la prosa inicial: “Las criaturas perdidas caminaban lentamente hasta llegar a una hoguera de sangre y sol” (2015: 6). Y cierto es que hay un sinuoso silencio, donde aparece alguna palpitación como ésta: “Extracción de piel en la ceja. /Criaturas perdidas en nunca jamás. /Historia sin fin y sin sentido. /Lima lila grisácea. /Espera inexistente. /Inexistencia de criatura bizarra lacrimal” (2015: 24). Latidos que nos transportan a “Después del mundo” en un plano opaco, confuso, vacilante, suscitando múltiples agitaciones.
Teruya Revilla, artista egresada de la Escuela de Arte Corriente Alterna, ha ilustrado sus versos y prosa poética con una serie de bosquejos cuya apreciación nos vincula con lo contenido literalmente. En los trazos notamos dos elementos que sincronizan lo versado: lágrimas y corazones. Por ratos el llanto precipitado humedece el entorno. Otras veces, un corazón germinante advierte el continuar de un latido. También se extingue, precisado por las aristas del triángulo de Robert Sternberg dividido en dos. El pulso indefinido entre zigzag y oblicuos, reproduce los sentidos y sin sentidos de la poética. Bajo este esquema expresa las siguientes construcciones literarias: “Espera inexistente” (2005: 24) o “fantasía caníbal” (2015: 30).
Finalmente, expreso a la autora mi sincera felicitación, pues su arquitectura posee, en cierto modo, una visión aún vigente. Si el discurso femenino en la literatura nacional del segundo tercio del siglo XX pretendía reivindicar el papel de la mujer en la vida sociopolítica del país, consiguiendo grandes resultados como el voto de la mujer en 1955. La lucha aún se proyecta en la actualidad observamos casos de violencia familiar o las mismas diferencias de género, pero Gracia nos muestra que hay otros retos y problemas de los cuales nos tenemos que ocupar, además de revelar las profundas frustraciones y encontrar el aliento que nos permita seguir avanzando.
Gracia Teruya, nacida en 1986, forma parte de esta sensibilidad que está representada en su poemario titulado “Después del Mundo” y publicado por la editorial Vicio Perpetuo Vicio Perfecto que dirige un grato amigo, el poeta Julio Benavides Parra. Deseo que estas palabras ayuden a comprender el continente de la obra y sean testimonio de mi aprecio y sinceridad.
Arequipa, julio de 2015

Discurso pronunciado en la presentación del libro en el marco del Noveno Festival del Libro organizado por la Librería de la Universidad Nacional de San Agustín.