lunes, 14 de diciembre de 2015

UN FLASH DEL PASADO: LA FOTOGRAFÍA EN AREQUIPA

UN FLASH DEL PASADO: LA FOTOGRAFÍA EN AREQUIPA
Hélard André Fuentes Pastor
Historiador y escritor
Publicado en la Revista “Somos Uchumayo” No. 65. Sociedad Minera Cerro Verde. Arequipa, junio de 2015.
Se presume que la fotografía se introdujo al Perú a mediados del siglo XIX, siendo la capital del país uno de los principales escenarios de la producción fotográfica. Su aparición se debe al “daguerrotipo”, una técnica surgida en agosto de 1838 en Paris que permitía fijar imágenes mediante un lente. Dicho procedimiento fue invento del francés Louis Jacques Mandé Daguerre, resultando una verdadera revolución para la historia de la imagen.
A partir de entonces, se realizaron extraordinarios registros del territorio en diferentes pueblos peruanos y retratos a las familias pudientes de nuestra sociedad, quienes generaron gran demanda fotográfica impulsando toda una industria y condujo a la creación de varios estudios fotográficos desde el francés Philogone Daviette hasta el estadounidense J. Newland en Lima. Posteriormente, se formaron talleres nacionales.
El pionero en la fotografía arequipeña fue Maximiliano Telésforo Vargas (conocido como Max T. Vargas) y Emilio Díaz, luminosos artistas del sur peruano que caracterizados por su variedad temática triunfaron en numerosos concursos y proyectaron a la localidad como cuna y residencia de destacados fotógrafos. Y es que el paisaje arequipeño, no solo concentraba la atención de los pintores y poetas que mediante el pincel y la pluma resaltaban la riqueza natural y cultural, también de expertos del lente como Carlos y Miguel Vargas Zaconet (Hnos. Vargas), Martín Chambi, Manuel Jesús Glave, entre otros.
Max T. Vargas (Arequipa, 1873 – Lima, 1959) inauguró su estudio de fotografía en 1896 en la calle Santo Domingo. Desde aquella fecha además de fundarse un taller artístico, se creó un centro de aprendizaje que permitió cultivar otros talentos en dicha rama, tal es el caso de los hermanos Vargas o el puneño Martín Chambi, que trabajaron como ayudantes en su estudio. Bajo su sello se han rescatado innumerables panoramas de la ciudad, entre los cuales podemos mencionar: el Púlpito de la Catedral, Interior-Catedral, la Catedral, Piedra camino a Yura y la Calera, el Cráter del Misti, Puente de hierro y el Misti, Observatorio Astronómico de Arequipa, Cumbre del Misti, Iglesia Yanahuara, vista panorámica de la ciudad, etcétera; y, personajes y familias de la alta sociedad mistiana como los Wagner o Gibson.
Ciertamente, en la primera década del siglo XX se incrementó la producción fotográfica, y dos jóvenes –orientados por Max Vargas– comenzaron a producir sus propias imágenes, nos referimos a los Hermanos Vargas. Así, Carlos (Arequipa, 1885 – 1979) y Miguel (Arequipa, 1887 – 1976) se convirtieron en maestros de la composición y el retoque, sobresaliendo por su autenticidad manifiesta en: la entrada de la Cabezona, Reclutas-Cuartel de Santa Marta, Coristas sobre el escenario, Escuela Fiscal, Casa Forga, Día de cometas, vista de la Plaza de Armas y de Yanahuara, Plaza de Santa Marta, Puente del acueducto San Lázaro, la casona Ricketts y la del Moral, etcétera. Ambos tuvieron su propio establecimiento en 1912, el cual quedaba en el Portal de San Agustín No. 11.
Los hermanos Vargas –hijos de Ángel Custodio Vargas y María Zaconet Bueno–, dejaron como discípulo al arequipeño Manuel Jesús Glave Corrales (nacido en 1903), dando continuidad a la fotografía profesional, es decir, aquella que requiere de una indumentaria adecuada (desde el traje hasta los entornos) y se preocupa de las posturas, los gestos y las técnicas visuales. No obstante, se enriquecía del debate y la crítica entre colegas que buscaban sustentar su arte.
Volviendo a los discípulos de Max T. Vargas, es fundamental destacar la actividad de otro de sus asistentes, el recordado Martín Chambi, quien mantuvo vigente la versatilidad de su maestro. Chambi, a los 17 años de edad comenzó a trabajar en el estudio de Vargas, aprendiendo muchas técnicas y conservando la excelencia de su antecesor.
En aquella época de excelencia, Maximiliano Vargas tuvo una fuerte competencia en la rama de la fotografía, se trataba del arequipeño Emilio Díaz Flores, quien en 1896 fundó su estudio en la calle Guañamarca No. 7 (hoy Rivero) y cuyos trabajos fueron premiados en una exposición parisina de 1900. Díaz Flores fue un fotógrafo que nació en 1870, hijo de José Manuel Díaz y María Flores, se casó con Julia Flores, y falleció en su tierra natal, un 15 de octubre de 1931. Tanto Vargas como Díaz, enorgullecieron el arte fotográfico en la Ciudad Blanca.
La prensa escrita, las postales y exposiciones contribuyeron a la difusión de la calidad artística fotográfica de nuestra localidad, cosechando lauros y otorgando reconocimiento nacional e internacional a los fotógrafos experimentados que desarrollaban su trabajo en regiones alejadas de la capital republicana. Historiar la fotografía en la localidad significa valorar el aporte de los daguerrotipos y analizar la evolución de las cámaras fotográficas, ya que su demanda generó toda una industria.
Mientras a inicios del siglo XX, ésta práctica era exclusiva pues no todos podían “fotografiar”, en 1928 encontramos la propaganda de unas de las primeras cámaras para cualquier usuario, evidenciando la popularización de la actividad. Se trataba de la marca Kodak’s, vendida en la tienda de Belón & Cía (Moral 111-113), distinta a la marca Agfa, que tenía una cámara de doble lente anastigmático de 6 x 9 cm., es decir, buscaba corregir los puntos que suelen aparecer en la imagen, además tenía diez rollos de película y se vendía en la librería L. Albareda (San Juan de Dios 109-113). Agfa ofertaba sus productos ofreciendo precisión, simplicidad y lujo, así entregó otro modelo como fue Agfa-Standard en 1930.
La aparición de las cámaras femeninas Brownie en 1931, revolucionó a la firma Kodak. Su moderno diseño (en color encarnado, gris, verde, marrón y azul), su sencillo sistema y  su elegante estuche “ad hoc”, resultaron ser la innovación entre las cámaras económicas. La empresa, también ofreció la Cine-Kodak Modelo K, que tomaba “películas con tanta sencillez como una kodak toma instantáneas”, y las ofertaba prometiendo la revelación gratuita de las películas en sus laboratorios. Otra marca que destacó a fines de la década del ’30 en Arequipa fue la cámara Voigtlander, que se vendía en M.A.T. de Scollo (Portal de San Agustín 113). Hacia los años ’50, encontramos cámaras nocturnas con portalámparas y a pilas.
Cabe mencionar que los establecimientos de artículos para fotógrafos a fines de 1930, fueron: Albareda León, Belón & Co., César Bustamante, Concha Fernández & Pacheco, Gamón Bedoya & Cía, Hinojosa Felícitas, Octavio Sosa, Vargas Hnos. y Valdivia Rolón A.; y, entre los establecimientos fotográficos destacaban: Cano del Carpio, Caro Eleodoro, Fotografía Gonzáles, Gonzáles V. José J., Perea Portugal, Glave & Alcázar, Shiomura Sucs., Rodríguez Zaconet Guillermo, Rodríguez Zaconet J. de D. y Vargas Hnos.; de éste último grupo, Perea Portugal y Rodríguez Zaconet Guillermo, sumando a Zapana, realizaban fotograbados.
La comercialización de diferentes máquinas en la primera mitad del siglo XX, advierte dos situaciones fundamentales: la fotografía se volvió un trabajo rentable para algunos “fotógrafos ambulantes” (realizaban tomas personales) y existía la necesidad de perpetuar a través de lo impreso los recuerdos memorables de las familias en circunstancias especiales de la vida; volviendo a la fotografía una práctica tanto para profesionales como aficionados.
Por otra parte, de dicha perspectiva de estudio, se desprende la necesidad de catalogar las fotografías hechas por algunos viajeros como las tomas de Charles F. Lummins y Adolph Bandelier, quienes en 1892 emprendieron su viaje al Perú con la Expedición Villard de fines arqueológicos. Lummins y Bandelier llegaron a Arequipa con una cámara de 5’’ x 8’’ y su trípode, realizando varias reproducciones de la ciudad.

No cabe duda que la fotografía constituye el testimonio de muchas generaciones, los colores de un tiempo, una fuente para la historia republicana y contemporánea del país, cuya importancia se traduce en la expresión inmediata de las emociones.