domingo, 6 de noviembre de 2016

MANUEL PRADO Y EL BARRIO DE IV CENTENARIO

MANUEL PRADO Y EL BARRIO DE IV CENTENARIO
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Existen muchos lugares en Arequipa que además de formar parte de los procesos históricos locales, regionales y nacionales, poseen su propia memoria, sus íntimos recuerdos, aquella historia que van construyendo día a día sus vecinos, sus habitantes. No obstante, cuando paseamos por cada calle, cada avenida, cada manzana, cada urbanización, cada edificio, cada casona, pocas veces pensamos en aquel pasado que identifica y hermana a sus familias, en aquellas pequeñas historias con grandes proyecciones de ciudad.
Los barrios también encierran muchas historias, costumbres y tradiciones. Desde el tradicional barrio de San Lázaro hasta aquellos que se encuentran en distritos alejados como Caima, Selva Alegre o Yanahuara; y existen otros más recientes que caracterizaron a una moderna ciudad de la segunda mitad del siglo XX. Caminando por las calles céntricas de Arequipa nos interesamos por conocer la historia del Barrio Obrero Nº 2.
Hay quienes tienden a confundir la ubicación de este barrio con el Barrio Obrero Nº 1; sin embargo, los más longevos saben que hablar del primero –ubicado en La Marina– es recordar a los obreros de las curtiembres, y, del segundo –ubicado en IV Centenario– es recordar a los obreros del ferrocarril, vale mencionar que es una aseveración que en la práctica no se ha dado por lo menos en el segundo caso. Asimismo, debemos tener en consideración el surgimiento de una urbanización ferroviaria precisamente con esos fines.
Pero, ¿cuál es la influencia e importancia de los barrios obreros en los procesos histórico-sociales de nuestro país?
Su historia en Lima ha sido reconstruida por el historiador Juan Luis Orrego Penagos, que considera su surgimiento como “la solución de vivienda masiva para dar alojamiento a este sector de la población”. Y aunque detalla que su origen puede ser planificado o no, asegura que el surgimiento de esto puede darse de diversas formas: a veces por iniciativa pública o cooperativa, por iniciativa de promotores privados y de forma espontánea, ya sea en las faldas de los cerros o con la invasión de algunos terrenos.
Obedeciendo al aporte teórico-conceptual que nos ofrece Orrego Penagos, el Barrio Obrero Nº 2 obedecería al primer caso, donde el gobierno planifica una edificación unifamiliar seriada con los servicios básicos. Dicho barrio no solo tuvo un pasado, también un nombre que está en desuso y que marcó los titulares de los diarios de mediados del siglo XX, tal  es el caso del diario Noticias de 1944 en cuyas páginas leemos el siguiente encabezado: “Se comenzó el Barrio Obrero Manuel Prado”. Así reza el titular del matutino arequipeño respecto al setentagenario barrio que se encuentra ubicado en IV Centenario.
Un 22 de octubre de 1944, en los terrenos adyacentes al Colegio de la Independencia Americana, se celebró la colocación y bendición de la primera piedra de dicha obra que contó con el apoyo del gobierno central, en ese entonces era presidente Manuel Prado. Luego de una serie de discursos y peroratas de importantes personajes como el alcalde Alberto de Rivero, suscribieron el acta de inauguración y fue “colocada, dentro de un tubo metálico, en el interior de la piedra fundamental, sobre la cual, una vez que fue enterrada, echó porciones de tierra y cal, con un badilejo de bronce, especialmente confeccionado…”.
Cotejando con la información bibliográfica y los documentos, se tiene conocimiento que aquellos terrenos y gran parte de los predios que estaban en la avenida IV Centenario (hoy Independencia) fueron de propiedad del Monasterio de Santa Rosa. Y, evitando la expropiación forzosa de los terrenos, el monasterio vendió 16211 m2 al Concejo Provincial de Arequipa para la construcción del barrio, gestión autorizada por Resolución Suprema del 4 de agosto del mismo año. El predio tenía los siguientes linderos: por el frente con la avenida IV Centenario, por el costado derecho con el Colegio de la Independencia Americana, por el respaldo con la torrentera y por el costado izquierdo con otros terrenos de propiedad del monasterio.
La construcción duró algunos meses, siendo inaugurada oficialmente el sábado 21 de abril de 1945, con motivo del cumpleaños de Manuel Prado. Se celebró una misa Te Deum presidida por el arzobispo Mons. Fr. Mariano Holguín en la Catedral y el acto de inauguración del “moderno barrio” construido con los fondos fiscales gracias a la iniciativa del ex alcalde Alberto de Rivero. Según percibimos en los diarios El Pueblo, Noticias y El Deber, Arequipa se sintió conmovida con esta obra, pero no todo era perfecto, la problemática de la vivienda en ese entonces era mayor. Si por una parte su rápida construcción generó expectativa, también propició la atención sobre los empleados que carecían de vivienda conduciendo a la propuesta de realizar otros conjuntos habitacionales, el Barrio para empleados.
El Barrio Obrero “Manuel Prado” (hoy conocido como Barrio Obrero Nº 2), constaba desde un inicio con tres pabellones de dos pisos, 16 departamentos en cada uno de ellos, “ocho en los bajos y otros tantos en los altos”. Los bajos, tenías dos habitaciones amplias, una sala-comedor, un servicio higiénico espacioso con baño y ducha, cocina y un patio. Y, en los altos, un dormitorio, una sala-comedor, servicios higiénicos, cocina y patio. Los pabellones tenían dos gradas de concreto que servían para el acceso al segundo piso, las cuales se pueden observar en la actualidad. Aquellos pabellones construidos de sillar con techos de concreto, los pilares de fierro y cemento, revela la maestría con que se realizaban las obras de aquel entonces, y que han resistido los terremotos de 1958, 1960 y 2001. Su constructor fue el Centro de Construcciones de Arequipa y don Antonio Mosca.
Fueron 48 departamentos los que pasaron a servicio de los obreros arequipeños muchos de ellos vecinos de la Casa Rosada, adjudicadas mediante sorteo y se conoce que aproximadamente 900 laboristas se inscribieron para dicha adjudicación, de los cuales un grupo de 150 postulantes quedaron en calidad de pre-aptos. Resulta que un 23 de diciembre de 1945 a las 11:30 de la mañana en el salón municipal se dio a conocer el padrón final de los ganadores, en un momento de incertidumbre donde –según el vecino Víctor Gallegos– la pequeña Elena Villa Málaga extrajo los bolos ganadores de una ánfora esférica y el notario Víctor Rojas Romero garantizaba la legitimidad del acto. Finalmente, el secretario colegiado del Concejo Provincial, Alberto Corrales Nieves, entregó las respectivas actas.
He aquí la relación de los primeros vecinos fundadores del barrio: Juan Bustamante Velarde, Juan Apaza Coaguila, Ricardo Vargas Hurtado, Julio Febres Flores, Juan Monjarás Laguna, José Alarcón, Carlos Gallegos Paz, Luis Umpire Nogales, Augusto Riveros Cárdenas, Miguel Silva Almonte, Eusebio Ramos Ortiz, Pedro Larico Cabana, Adolfo Valdivia Bermejo, Germán Zúñiga Ramírez, Nicolás Salsas del Carpio, Augusto Arce, Jesús Fuentes Portugal, Edilberto Rodríguez, Mateo Cardeña Muñoz, Juan A. Vargas, Clemente San Miguel, Cirilo Lazarinos Apaza, Fortunato Salinas, Julio Herrera Ramos, Ismael Romero Barriga, José Luis Gómez Sánchez, José Patricio Velarde, Teófilo Peralta Neisa, José María Valverde, Max Gómez, Venancio Vargas Delgado, José Lino Zegarra, Felipe Acosta Gómez, Salomón Sandoval, M. Valer, Obdulio Rivera, Luis Acosta Salas, Samuel Gómez Oviedo, Víctor Gallegos Ruelas, Julio Ballón, Mateo Bernedo Núñez, Basilio Zevallos Contreras, José Dávila Sánchez, Juan Velásquez Fuentes, Félix Ponce Ordóñez, Juan A. Núñez y Emilio Zúñiga Rivera.
Actualmente muchas familias atesoran las historias y costumbres de varias generaciones que vivieron en el barrio. Hay quienes recuerdan el antiguo parque con los resbalones de material noble y las enormes estructuras levantadas con rieles, el carrusel y las barras, la cancha donde se formó el Club Deportivo BO 2, los jardines fronterizos con verjas de ladrillo en los pabellones colindantes a la avenida Independencia, los enormes pozos de carnaval escarbados en el parque, la Fiesta de la Cruz, los fuegos artificiales y el torito o el marco de toro que concentraba la atención en todas las celebraciones, los niños disfrazados pidiendo caramelos la noche de Halloween y los niños cantando al pie del nacimiento en la casa de los vecinos .

Referencia: Diario El Pueblo. Arequipa, 6 de noviembre de 2016. P. A14.