lunes, 21 de noviembre de 2016

PEDRO LUIS GONZÁLES PASTOR Y SUS RECUERDOS DE CAMANÁ

PEDRO LUIS GONZÁLES PASTOR Y SUS RECUERDOS DE CAMANÁ
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Historiador y escritor
Pedro Luis Gonzáles Pastor es uno de los lingüistas más destacados de Arequipa. No obstante, su aporte, también radica en la serie de relatos que escribió sobre su entrañable tierra natal, la Provincia de Camaná.
El hermoso valle de Camaná –que celebra su aniversario el 9 de noviembre de cada año y cuya historia nos remonta hasta la época prehispánica y colonial, una prodigiosa tierra donde se cultivan los mejores viñedos, naranjales y arrozales, vistosa por sus extensas playas–, vio nacer a un gran intelectual en las letras nacionales: el Dr. Pedro Luis Gonzáles Pastor, reconocido lingüista, catedrático y escritor nacido el 8 de octubre de 1924, hijo de Roberto Gonzáles Yáñez (n. 1909) y Orfelina Pastor Pastor, quienes tuvieron otros hijos: Manuel (m. 1990), Rolando (n. 1930 – m. 1999), Nelson (n. 1929 – m. 2005), Carmen Leticia Violeta (n. 1935 – m. 2015) y María Santos Leonor (n. 1937 – m. 2016).
APUNTE BIOGRÁFICO
Realizó sus estudios primarios en una escuela del Distrito de Samuel Pastor de Camaná y secundarios en el Colegio de la Independencia Americana. En el año de 1950, mostrando inclinación por las letras, siguió Humanidades en la Universidad Nacional de San Agustín, obteniendo los grados de Bachiller y Doctor en Literatura. Posteriormente, escribió uno de sus primeros artículos: “Problemas de la Universidad Peruana”, publicado en el diario “Noticias” en el año de 1956, donde consideró que: “Estamos seguros que los altos fines de la universidad, los mismos que deben encarnar su nuevo espíritu están reflejados en los propósitos que enumeramos, los mismos que deben conjugarse en una clara Declaración de Principios: Misión humana, misión cultural, misión social-nacionalista, misión ético-educativa, misión político-patriótica, misión pedagógico-civilizadora, misión de capacitación académico-profesional”. Una visión crítica respecto a la educación universitaria.
Comprometido con su vocación, fue profesor en diversos centros educativos y catedrático en la casa universitaria del Gran Padre de San Agustín, donde ocupó diversos cargos y ganó el respeto de sus colegas y alumnos. Durante más de diez años dirigió la Asociación de Escritores y Artistas de Arequipa (ANEA), fue director del Instituto Nacional de Cultura-Arequipa (INC)y fundador del Complejo Educacional “María Montessori”, realizando una magnífica labor en temas culturales y académicos.
Pedro Luis se casó con Luz María Solís (n. 1929) y tuvo los siguientes hijos: Gilma Sonia (n. 1950), Pedro Luis (n. 1956), Erwin Juan (n. 1955), Roberto Álvaro (n. 1958), Berly Enrique (n. 1961) y Luis Alberto (n. 1968).
OBRAS Y RECONOCIMIENTOS
Es autor de innumerables artículos y libros respecto a la lengua castellana, su correcta escritura y pronunciación, entre ellos podemos mencionar: “Iniciación lingüística”, “Ortografía y disciplinas conexas”, “Operaciones lingüísticas”, “La lengua y el hablante”, “Guía para redactar”, “Lexicología”, “Semántica”, “Introducción a la sintaxis”, “El estudio, su técnica e higiene”, “Ética y profesionales de la salud”, “Breve diccionario de retórica”, “Metodología de la investigación lingüística”.. Asimismo, ha colaborado con diversas revistas y periódicos, publicando en estos últimos años una serie de citas lingüísticas en el diario “El Pueblo” que fueron reunidas en el libro “Citas lingüísticas” (2016).
Por su labor ha recibido distinciones de la Anea, Profesor Emérito de la Universidad Nacional de San Agustín, la Medalla de la Cultura de la ciudad siendo Alcalde el Dr. José Villalobos; el Diploma y Medalla de Oro de la Municipalidad Provincial de Camaná; y en agosto del 2014 fue declarado Hijo Ilustre de Arequipa por la Municipalidad Provincial, presidida por Alfredo Zegarra Tejada.
En otro homenaje que se realizó el 28 de abril del 2014 en el Museo Histórico Municipal, la escritora Elizabeth Altamirano de Gonzáles, que tuvo a su cargo el discurso de orden, recitó un poema de su autoría, “Mis huellas”, donde el autor muestra sus profundos afectos: “Mis huellas sobre tu Pampa Camaná /no sé, si se hayan borrado. /Fueron tantas de idas y vueltas /y de tantos días que no pueden haber muerto. /Las huellas de mis pies /de mis manos /de mi voz encendida /no pueden haber sido borradas. /Tal vez, estén en el camino, entre chacras de El Monte a La Pampa /tal vez, estén en el aula lejana /o en el patio de la escuela, ahora solitaria /o en las paredes /o en los bordes de las acequias /o entre las trancas o alambradas que atravesara. /Si mis huellas, oh destino, no están en tantos lugares /o entre los árboles /quizá hayan volado en las madrugadas /con el silbido isótono del viento de La Pampa. /Mis huellas Camaná, mis huellas /tal vez transformadas aquí y allá vivan /porque jamás mueren los pasos que se dejan en las veras”.
AMOR POR SU TIERRA NATAL
Todo libro que esté orientado a la recuperación, no sólo de historias sino de ‘lugareñismos’ (sic), tiene un valor inalterable a través de los años, siendo la fuente de consulta inmediata para comprender la vida cotidiana que con el trascurrir de las generaciones se tiende a olvidar o desdibujar. En el año de 1982 –con la colaboración de su hijo, Álvaro Gonzáles Solís– Pedro Luis Gonzáles Pastor, publicó una obra titulada: “Relatillos”, donde rescata –mediante una serie de relatos y cuentos breves– los usos y costumbres de Camaná, además de atesorar muchos localismos y personajes de la época.
Los personajes populares, aquellos que suscitan las anécdotas en un pueblo, tienen lugar en estos microrelatos. Así encontramos a Silvestre, un hombre que buscaba, desesperadamente, a la flor blanca de la higuera, la cual –según cuentan– lo haría el hombre más afortunado de la tierra; hasta que un día, doña Gregoria, le dijo: “la felicidad y la fortuna se consiguen con el esfuerzo personal”. Este relato, evidencia los propósitos del escritor: resaltar los valores que dignifican al hombre.
Por otra parte, nos remite a los juegos de la infancia que fueron resultado de la espontaneidad que ofrece el campo, y logran cierta particularidad según las costumbres del lugar. En “Carrera de cuchecitos”, tenemos la historia de tres niños (Enrique, Manuel y Perico), quienes abrieron pequeños surcos y hacían correr a los animalitos estimulándolo con una espina de picanco. Otra historia, nos conduce a las fiestas de carnestolendas, donde se destaca que el “carnaval es una fiesta muy bocona y llena de percances”; aquí evidencia las formas culturales de esta tradición pero post-carnestolense: el juego de ‘la carne’, donde los chicos traviesos golpeaban a las muchachas en las piernas con delgadas varas de granado, diciendo: “carne! carne! carne!”. También, se narra el acostumbrado entretenimiento con la “cacha” y las piedritas que permitían derribar muchas aves silvestres.
Las creencias populares se encuentran en la historia de doña Aurelia y sus tres hijos (Mamerto, Gilberto y Filomeno): la primera, radica en arrojar los dientes caídos bajo la cama diciendo: “Ratoncito, ratoncito: toma tu diente viejo, dame mi diente nuevo”; la segunda, respecto al cacareo de las gallinas, “- Cuando la gallina dice kir…, kir…, kir…, digan siempre: /- Pa’rriba, pa’rriba, pa’rriba, para que el mal agüero no nos caiga a nosotros, para que la quencha se la lleve el aire”. Y, la tercera, son una serie de recomendaciones para evitar algún daño o mal:“no se debe dormir debajo de la higuera porque se puede ser cogido por el Diablo, que el guacocho y la tijerilla anuncian muerte, que el paspaco también, que cuando la gallina canta viene alguna desgracia”.
La construcción del universo mágico en la mentalidad colectiva de los pobladores se estructura en base a tres elementos fundamentales: los duendes, las brujas y los hechizos. En consecuencia, no podían estar ausentes en esta obra; empero, evidencia conductas psicosociales que llevan a un escepticismo a fin de establecer un equilibrio entre la dimensión fantástica y la lucidez, indica: “El Moro [apodo de Octavio] se sacudió de las ataduras de las supersticiones y creció como un hombre sin temores de ninguna clase”.
Cabe mencionar que sus narraciones populares describen el paisaje natural de la provincia, su flora (camote, maíz, pepino, algodón, palillo, guayaba, plátano, molle, granadilla, olivo, entre otros) y su fauna (caballo, pollos, burro, pejes, chaguacanas, camarones, grillos, zancudos, tórtolas, gallinazos, entre otros). Del mismo modo, encontramos el lenguaje de algunos animales y su significado. Así entre zumbidos, roznas, graznidos y aullidos, se representa el sonidos de los pájaros: “pi, pipip, pipipip, pi, pi, pip, pi, pipip” que anuncian una visita, y del ternero: “mue… meeee…” que van diciendo a su madre “ven, ven…”.También, subrayamos la costumbre de bautizar a algunos animales: “cada burro tenía su nombre: el Azulejo, el Guilcapaso, el Negro, el Traposo, el Potroso, etc… dos mulas, la Frontina y la Roma”.
Asimismo, la utilización de algunos términos resulta esencial, ya que no solo se trata de una construcción literaria sino refiere, fundamentalmente, a una connotación social. La palabra, “miéchica”, “achón”, “aparejar”, “faina” (faena), “huachanaco” (canciones populares de carnavales que se cantan en contrapunto en Camaná), “humazo” (fogata para ahuyentar a los zancudos), “concha” (macha), entre otros, otorgan naturalidad a los relatos por tratarse de una serie de localismos.
Pedro Luis Gonzáles Pastor, escribió una obra para posteridad, y las emociones de diferentes personajes como el zonzo Segundo, el flaco Trifón, Isidoro Montes, Matías Pastor, no solo enriquecen la personalidad de este libro, sino tienen como rasgo distintivo los recuerdos del autor, que acompaña cada una de estas historias con la vieja guitarra y el canto de don Fidencio: “Allá en medio de la mar /suspiraba un pececito /y en su suspiro decía /qué será de mi amorcito”.


En: Revista Cultural e Histórica «Camaná Hermosa». No. 15. Camaná, noviembre de 2016. P. 16-17.

domingo, 6 de noviembre de 2016

MANUEL PRADO Y EL BARRIO DE IV CENTENARIO

MANUEL PRADO Y EL BARRIO DE IV CENTENARIO
Por: Hélard André Fuentes Pastor
Existen muchos lugares en Arequipa que además de formar parte de los procesos históricos locales, regionales y nacionales, poseen su propia memoria, sus íntimos recuerdos, aquella historia que van construyendo día a día sus vecinos, sus habitantes. No obstante, cuando paseamos por cada calle, cada avenida, cada manzana, cada urbanización, cada edificio, cada casona, pocas veces pensamos en aquel pasado que identifica y hermana a sus familias, en aquellas pequeñas historias con grandes proyecciones de ciudad.
Los barrios también encierran muchas historias, costumbres y tradiciones. Desde el tradicional barrio de San Lázaro hasta aquellos que se encuentran en distritos alejados como Caima, Selva Alegre o Yanahuara; y existen otros más recientes que caracterizaron a una moderna ciudad de la segunda mitad del siglo XX. Caminando por las calles céntricas de Arequipa nos interesamos por conocer la historia del Barrio Obrero Nº 2.
Hay quienes tienden a confundir la ubicación de este barrio con el Barrio Obrero Nº 1; sin embargo, los más longevos saben que hablar del primero –ubicado en La Marina– es recordar a los obreros de las curtiembres, y, del segundo –ubicado en IV Centenario– es recordar a los obreros del ferrocarril, vale mencionar que es una aseveración que en la práctica no se ha dado por lo menos en el segundo caso. Asimismo, debemos tener en consideración el surgimiento de una urbanización ferroviaria precisamente con esos fines.
Pero, ¿cuál es la influencia e importancia de los barrios obreros en los procesos histórico-sociales de nuestro país?
Su historia en Lima ha sido reconstruida por el historiador Juan Luis Orrego Penagos, que considera su surgimiento como “la solución de vivienda masiva para dar alojamiento a este sector de la población”. Y aunque detalla que su origen puede ser planificado o no, asegura que el surgimiento de esto puede darse de diversas formas: a veces por iniciativa pública o cooperativa, por iniciativa de promotores privados y de forma espontánea, ya sea en las faldas de los cerros o con la invasión de algunos terrenos.
Obedeciendo al aporte teórico-conceptual que nos ofrece Orrego Penagos, el Barrio Obrero Nº 2 obedecería al primer caso, donde el gobierno planifica una edificación unifamiliar seriada con los servicios básicos. Dicho barrio no solo tuvo un pasado, también un nombre que está en desuso y que marcó los titulares de los diarios de mediados del siglo XX, tal  es el caso del diario Noticias de 1944 en cuyas páginas leemos el siguiente encabezado: “Se comenzó el Barrio Obrero Manuel Prado”. Así reza el titular del matutino arequipeño respecto al setentagenario barrio que se encuentra ubicado en IV Centenario.
Un 22 de octubre de 1944, en los terrenos adyacentes al Colegio de la Independencia Americana, se celebró la colocación y bendición de la primera piedra de dicha obra que contó con el apoyo del gobierno central, en ese entonces era presidente Manuel Prado. Luego de una serie de discursos y peroratas de importantes personajes como el alcalde Alberto de Rivero, suscribieron el acta de inauguración y fue “colocada, dentro de un tubo metálico, en el interior de la piedra fundamental, sobre la cual, una vez que fue enterrada, echó porciones de tierra y cal, con un badilejo de bronce, especialmente confeccionado…”.
Cotejando con la información bibliográfica y los documentos, se tiene conocimiento que aquellos terrenos y gran parte de los predios que estaban en la avenida IV Centenario (hoy Independencia) fueron de propiedad del Monasterio de Santa Rosa. Y, evitando la expropiación forzosa de los terrenos, el monasterio vendió 16211 m2 al Concejo Provincial de Arequipa para la construcción del barrio, gestión autorizada por Resolución Suprema del 4 de agosto del mismo año. El predio tenía los siguientes linderos: por el frente con la avenida IV Centenario, por el costado derecho con el Colegio de la Independencia Americana, por el respaldo con la torrentera y por el costado izquierdo con otros terrenos de propiedad del monasterio.
La construcción duró algunos meses, siendo inaugurada oficialmente el sábado 21 de abril de 1945, con motivo del cumpleaños de Manuel Prado. Se celebró una misa Te Deum presidida por el arzobispo Mons. Fr. Mariano Holguín en la Catedral y el acto de inauguración del “moderno barrio” construido con los fondos fiscales gracias a la iniciativa del ex alcalde Alberto de Rivero. Según percibimos en los diarios El Pueblo, Noticias y El Deber, Arequipa se sintió conmovida con esta obra, pero no todo era perfecto, la problemática de la vivienda en ese entonces era mayor. Si por una parte su rápida construcción generó expectativa, también propició la atención sobre los empleados que carecían de vivienda conduciendo a la propuesta de realizar otros conjuntos habitacionales, el Barrio para empleados.
El Barrio Obrero “Manuel Prado” (hoy conocido como Barrio Obrero Nº 2), constaba desde un inicio con tres pabellones de dos pisos, 16 departamentos en cada uno de ellos, “ocho en los bajos y otros tantos en los altos”. Los bajos, tenías dos habitaciones amplias, una sala-comedor, un servicio higiénico espacioso con baño y ducha, cocina y un patio. Y, en los altos, un dormitorio, una sala-comedor, servicios higiénicos, cocina y patio. Los pabellones tenían dos gradas de concreto que servían para el acceso al segundo piso, las cuales se pueden observar en la actualidad. Aquellos pabellones construidos de sillar con techos de concreto, los pilares de fierro y cemento, revela la maestría con que se realizaban las obras de aquel entonces, y que han resistido los terremotos de 1958, 1960 y 2001. Su constructor fue el Centro de Construcciones de Arequipa y don Antonio Mosca.
Fueron 48 departamentos los que pasaron a servicio de los obreros arequipeños muchos de ellos vecinos de la Casa Rosada, adjudicadas mediante sorteo y se conoce que aproximadamente 900 laboristas se inscribieron para dicha adjudicación, de los cuales un grupo de 150 postulantes quedaron en calidad de pre-aptos. Resulta que un 23 de diciembre de 1945 a las 11:30 de la mañana en el salón municipal se dio a conocer el padrón final de los ganadores, en un momento de incertidumbre donde –según el vecino Víctor Gallegos– la pequeña Elena Villa Málaga extrajo los bolos ganadores de una ánfora esférica y el notario Víctor Rojas Romero garantizaba la legitimidad del acto. Finalmente, el secretario colegiado del Concejo Provincial, Alberto Corrales Nieves, entregó las respectivas actas.
He aquí la relación de los primeros vecinos fundadores del barrio: Juan Bustamante Velarde, Juan Apaza Coaguila, Ricardo Vargas Hurtado, Julio Febres Flores, Juan Monjarás Laguna, José Alarcón, Carlos Gallegos Paz, Luis Umpire Nogales, Augusto Riveros Cárdenas, Miguel Silva Almonte, Eusebio Ramos Ortiz, Pedro Larico Cabana, Adolfo Valdivia Bermejo, Germán Zúñiga Ramírez, Nicolás Salsas del Carpio, Augusto Arce, Jesús Fuentes Portugal, Edilberto Rodríguez, Mateo Cardeña Muñoz, Juan A. Vargas, Clemente San Miguel, Cirilo Lazarinos Apaza, Fortunato Salinas, Julio Herrera Ramos, Ismael Romero Barriga, José Luis Gómez Sánchez, José Patricio Velarde, Teófilo Peralta Neisa, José María Valverde, Max Gómez, Venancio Vargas Delgado, José Lino Zegarra, Felipe Acosta Gómez, Salomón Sandoval, M. Valer, Obdulio Rivera, Luis Acosta Salas, Samuel Gómez Oviedo, Víctor Gallegos Ruelas, Julio Ballón, Mateo Bernedo Núñez, Basilio Zevallos Contreras, José Dávila Sánchez, Juan Velásquez Fuentes, Félix Ponce Ordóñez, Juan A. Núñez y Emilio Zúñiga Rivera.
Actualmente muchas familias atesoran las historias y costumbres de varias generaciones que vivieron en el barrio. Hay quienes recuerdan el antiguo parque con los resbalones de material noble y las enormes estructuras levantadas con rieles, el carrusel y las barras, la cancha donde se formó el Club Deportivo BO 2, los jardines fronterizos con verjas de ladrillo en los pabellones colindantes a la avenida Independencia, los enormes pozos de carnaval escarbados en el parque, la Fiesta de la Cruz, los fuegos artificiales y el torito o el marco de toro que concentraba la atención en todas las celebraciones, los niños disfrazados pidiendo caramelos la noche de Halloween y los niños cantando al pie del nacimiento en la casa de los vecinos .

Referencia: Diario El Pueblo. Arequipa, 6 de noviembre de 2016. P. A14.